La Confesion

Story by grrside on SoFurry

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Marco ya le había contado a su madre sobre su relación con Rodri, pero confesárselo todo a su padre iba a ser otro cantar. Su padre, Jaime, siempre había estado obsesionado con la idea de que su hijo siguiera sus pasos y ser "maricón" no era uno de ellos. Ni siquiera se parecían físicamente, Jaime medía 168 cm, estaba algo regordete y tenía cabello oscuro tanto en su cabeza como en el resto su rechoncho cuerpo. Mientras tanto Marco medía 187 cm y era bastante escuálido, aunque recientemente había comenzado a ir al gimnasio para parecerse más a la imagen del chico ideal de Rodri. El joven había heredado los cabellos rubios de su madre, depilaba su cuerpo y sus ojos eran de un color azul claro, a diferencia de los ojos castaños de su padre.

Exacto, no se parecían en nada. A primera vista nadie diría que estos dos hombres son padre e hijo. Jaime, el obrero gastado y rechoncho que soltaba piropos de mal gusto a todas las chicas que pasaban cerca y Marco, el chico alto, rubio, guapo...y homosexual.

Pero Marco estaba harto de esconder su verdadero yo, el de un homosexual obsesionado por los penes, de su padre. Y entonces, un viernes por la sobremesa en la que su madre estaba haciendo horas extras en la oficina y Jaime había llegado sucio y sudoroso de las obras Marco se plantó frente a él en el recibidor y le dijo:

"Papá, tengo algo que decirte..."

"Eso puede esperar. ¿Dónde está tu madre?" Le preguntó su padre quitándose sus botas sucias. "He tenido un día agotador de cojones y estoy que me muero de hambre."

"Uh...B-bueno..." Tartamudeó Marco. "...Pues está ocupada en la oficina y dice que no volverá hasta por la noche...Aún así tengo algo que decirte..."

"¡Me cago en...! ¿Entonces quién se encargará de hacer la comida?" Le interrumpió su padre mirándole fijamente. "¿No tienes nada que hacer, no? Me voy a dar un baño y para cuando termine espero que el almuerzo esté en la mesa." Le ordenó el pequeño hombre rechoncho a su hijo dándole un par de palmadas en su espalda.

"Pero...es importante que sepas que..."

Pero su padre ya se había encerrado en el cuarto de baño. Marco soltó un sonoro suspiro de frustración y se limitó a hacer caso a las órdenes de su padre. "Quizá si le sorprendo con un buen almuerzo se muestre más a reacio a hacerme caso..." Desgraciadamente, en la despensa sólo había un paquete de puré de patatas precocinado. Iba a ser difícil calmar el apetito de su fiero padre con esto. Aún así era su única opción, y era mejor que dejar a su padre con un plato vacío en la mesa.

Poco después, Marco escuchó a su padre salir del baño. En la mesa solo había dos tristes platos llenos de un potingue amarillo bastante soso.

"Quizá esto alegre un poco la presentación..." Pensó Marco echándole una pizca de perejil a cada plato. El perejil se sumergió en las profundidades del puré como si nada. "...Vale, no tengo ni idea de qué he hecho mal."

"¿Qué es esta...viscosidad?" Preguntó su padre, ya vestido apropiadamente con una camisa blanca y unos jeans, tocando esa masa asquerosa con el dedo, haciéndola menear como si fuera gelatina.

"Es...puré de patatas." Dijo su hijo sentado en frente de su padre con una sonrisa nerviosa. "He seguido todas las instrucciones al pie de la letra y el paquete no estaba caducado...creo."

"En fin, con que sea comestible me conformo, estoy para el arrastre." Dijo su padre tomando una cucharada bien grande.

"Por cierto, papá..."

"¿Sí?" Contestó su padre con la boca llena.

"Bueno, pues que..." Marco llevaba una camisa de tirantes y pantalones cortos, pero aún así estaba sudando a chorros. "Que...que yo...bueno..."

"¿De qué se trata?" Dijo su padre llevándose otra cucharada a la boca.

"...Pues de mí...Hay algo que debes saber...Sobre...Bueno...Es difícil de decir..." Marco había ensayado su confesión en su cabeza durante horas, pero en cuanto miraba su padre a los ojos su mente se quedaba en blanco. "Yo...Bueno, pues que soy..."

"¡Cof! ¡Cof! ¡Puaj!" Interrumpió su padre tosiendo. "¡Había algo dentro del puré!"

"Sí, eché un poco de perejil. En fin, como decía...Yo..."

"¡¿QUÉ?! ¿Echaste...perejil...en mi plato...?" Exclamó su padre horrorizado. El rechoncho hombre se llevó la mano a la garganta, y luego al corazón.

"Sólo una pizca...En cualquier caso, tienes que saber que..."

"¡JODER...! ¡COF! ¡COF! ¡PUAAAAAJ!" A Jaime parecía que le estaba dando un ataque al corazón.

"¿Estás bien, papá? ¿Te has atragantado con algo?"

"Estoy...¡COF!...bien. Perfectamente bi-bibibibibbibiibiieeEEEEEEEEN. ¡NaDa de quÉ preocu...¡HIC!...parse!" Chismorreaba su padre levantándose lentamente de la silla con espasmos musculares.

Marco nunca antes había visto a su padre actuar así y no sabía cómo reaccionar. ¿Debería llamar a una ambulancia? ¿Intentar hacer que su padre expulsara lo que se había tragado por sí mismo?...

"Estoy peeeEEEeeerRRRRRfectamente hijo, no tienes que hacer abSOlutaMEnte nada..." Dijo su padre justo antes de resbalarse y desplomarse contra el suelo. "Hasta puedo levantarme-memememe yo solo...¿Ve-veveveveveve-ves?" Dijo su padre levantándose con las manos.

"¿...Por qué estás haciendo el pino?" Preguntó su hijo claramente asustado al ver a su padre del revés.

"Perdón, debo haber confundiididididido el x-axis con el y-axis. Cosa muy normal, todos los humanos cometemos errorrrororororrrororooroERRORerrores." Dijo su padre caminando con las manos y chocándose contra todos los muebles del comedor.

"Papá, me estás asustando de verdad..."

"Sólo necesito..." Balbuceó su padre dando una voltereta y poniéndose del derecho. "Un poco de...intimidad y descanreparacionessoSSSSSSo de emergencia una siesta. Nos vemos luego, carahuevo. Digo hijo." Jaime se dirigió con prisa a su dormitorio y cerró la puerta con pestillo y bajó todas las persianas de la habitación.

El pobre Marco se había quedado con la palabra en la boca. Su padre no se encontraba para nada bien y no quiso escucharle. Considerando los eventos de este día, parece confesarle a su padre su oscuro secreto, su homosexualidad, tendrá que esperar a otra ocasión.

***

Jaime estaba horrorizado. No podía creer que se había tragado un perejil...¿De dónde lo había sacado Marco? Le tenía bien dicho a su esposa que era alérgico a ellos y que nunca le echara ni una pizca de perejil a ninguno de sus platos. Ahora su cuerpo estaba desvariando.

Sacar el maligno perejil de su cuerpo le llevaría horas. Joder, menudo asco de día.

Los brazos del hombre rechoncho temblaban y parecían moverse por sí solos, pero tras varios intento fallidos logró bajarse la cremallera de los jeans y sacar su pene al aire exterior.

"Bien, ya casi..."

Jaime se agarró los huevos bien fuerte y jaló de ellos con mucha fuerza. Demasiada. "¡ARRRGH! ¡Joder, como duele! Por favor diga en voz alta su PIN de desenganche." Se ordenó Jaime aparentemente a sí mismo. Cualquiera que le viera pensaría que este hombre tiene una forma muy extraña de masturbarse. Pero estaba haciendo algo muy distinto.

Entonces, surgió una voz, una pequeña y aguda voz, contestando a su orden.

"¡Es 3873, cojones!" Respondió la voz proveniente de la uretra de Jaime.

*¡PLOP!*

Y así de fácil los genitales de Jaime se desengancharon de su cuerpo y se espachurraron contra la pared.

"¡...Au!" Gritó el pequeño y rechoncho pene. Estos genitales se frotaron la cabeza dolorida con sus testículos. "¡Estúpido cuerpo! ¡Siempre dándome problemas!"

El cuerpo de Jaime se quedó quieto y erguido. De su cremallera abierta sobresalían un par de cables que habían mantenido cuerpo y pene juntos por años. El cuerpo se quedó quieto en una pose erguida y firme, su mirada inexpresiva mirando al frente.

El pene se deslizó como un gusano y se posó encima de las zapatillas deportivas que llevaba su cuerpo.

"En fin..." Dijo el pene con su voz de pito. "Iniciar protocolos de mantenimiento."

Su cuerpo emitió unos pitidos y la voz de Jaime respondió: "Trazos de perejil encontrados en: corazón, pulmón derecho y procesadores internos E5 y E8. Se recomienda una depuración completa."

"Joder...¿Una completa?...¿Y cuál es la duración aproximada?"

"Estimación de las tareas de depuración...De 3 a 4 horas."

La uretra del pene resopló con disgusto. "Pues comienza ya, coño" dijo el miembro dándole un cabezazo a la pierna de su cuerpo robótico.

"Comenzando depuración..."

Del interior del cuerpo de Jaime salieron un par de pitidos y luego todo el interior de su cuerpo comenzó a depurarse. El cuerpo vibraba y resultaba algo ruidoso, pero no mucho más que una lavadora.

El pene estaba bastante molido. No había sido separado de su cuerpo robótico en años y la falta de ejercicio le estaba pasando factura. Cuando sus superiores le encomendaron su misión, ir a la Tierra y probar un nuevo prototipo de cuerpo robótico que no sólo imita a la perfección el cuerpo humano sino que además puede crecer y desarrollarse como un humano de verdad y lo mejor de todo, soluciona los errores que se producían al ingestar perejil en modelos anteriores, le recomendaron desengancharse y hacer ejercicio unas tres o cuatro veces por semana, pero una vez que se casó con su esposa humana ocultar su identidad como científico alienígena proveniente del planeta Phallo era cada vez más complicado.

Y Jaime nunca tuvo la intención de ocultarle esto a su hijo, pero a medida que pasaban lo años era cada vez más difícil. Y considerando los eventos de este día, confesar a su hijo Marco su oscuro secreto, que el joven de cabellos dorados también viene del planeta Phallo y que está haciendo de conejillo de indias para probar el nuevo modelo de cuerpo humano robótico sin saberlo, tendrá que esperar a otra ocasión.