Vidas entrelazadas 23 (Dean y Marcus)

Story by nadie on SoFurry

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14/1/3844 (domingo)

Un par de minutos después de abrir el portón, avanzar por el camino de baldosas de piedras, entrar en la casa y llegar finalmente a una pequeña cocina cerca del comedor en el que solían desayunar cuando sólo estaban Marcus, Kevin y Reuel (además de los criados), el híbrido abrió la nevera, sacó una botella de leche fresca y, con ayuda de un cazo, la puso a calentar sobre la brillante e impoluta superficie de la vitrocerámica. Después, se acercó a un "pequeño" (en relación con el resto de la casa...) armario, situado en alto (Dean apenas llegaba), lo abrió y sacó un bote de cristal lleno de un líquido espeso, color ámbar y con brillos dorados, que como después comprobaría era miel.

Tres minutos después, la leche caliente era vertida en una taza, y ésta colocada sobre un plato pequeño de brillante porcelana blanca. A su lado, una cucharilla y un pequeño vasito con parte de la miel que ocupaba el frasco, invitaban al tigre a tomar algo caliente. No lo reconocería en voz alta, pero realmente fuera había tenido frío, y se alegraba de que el híbrido le hubiera invitado a entrar y, además, le hubiera servido aquello.

Sin decir nada, Marcus le pasó el plato, que cogió en cuanto se hubo quitado los guantes, y sacó un par de taburetes de debajo de una "pequeña" mesa de madera, a la que apenas podía sentarse el híbrido, pero más grande de lo deseable para Dean, quien pese a su carácter decidió no quejarse y se sentó sin rechistar. Después hubo un incómodo silencio, que el tigre aprovechó para beberse la taza de leche con, como comprobó rápido, demasiada miel para su gusto, pero suficientemente caliente como para compensarlo. Marcus pareció aprovechar ese tiempo para contar las baldosas de l suelo, frotar el borde de la mesa con las yemas de los dedos y mirarle varias veces, mordiéndose el labio inferior sin una razón exacta para todo aquello. Al menos, sus ojos ya no estaban tan rojos para cuando terminó de beberse la leche.

Hubo más silencio unos minutos más, aunque el tigre no habría sabido decir cuántos. Sólo que la tensión era palpable incluso para alguien tan poco observador como él. Marcus, callado como era, incluso parecía dispuesto a hablar, aunque por su forma de mirarle, apartar la mirada, volver a mirarle, abrir la boca, cerrarla y morderse el labio una y otra vez, no parecía encontrar las palabras. Sin embargo, pronto sorprendió a Dean siendo el primero en hablar.

-...... Llevas... mis guantes... bueno... tus guantes... los que te di...

-Sí... Son cómodos.

Sólo dos frases, y ya podían gozar de otro par de minutos de silencio incómodo, aunque no tan tenso como antes. Dean fue quien habló esta vez.

-Ya no tienes los ojos tan rojos...

-Oh... Bueno...

-...

-.........

-La leche estaba buena...

-Me alegro... ¿Ya no tienes frío?

-No... Estoy bien...

-... Bien...

-Mmmmm...

-¿Qué?

-¿Qué de qué?

-...... Parecía que ibas a decir algo...

-Ah, no...

-..................

-Qué situación más absurda...

-... Un poco...

-¿Hacemos algo? Podríamos ir al gimnasio...

Por unos instantes, Marcus le observó, aunque apenas directamente, y suspiró, cerrando los ojos unos segundos y después mirando al suelo. Incluso Dean podía ver en su cara la decepción que sentía... O quizás fuera tristeza, o simplemente el cansancio acumulado... En fin, no era el tipo más observador del mundo y no entendía aquella cara, pero sabía que era algo malo... más malo o menos malo, pero malo... en cierto modo...

-...... Estoy cansado... Me voy a dormir un rato... Haz lo que quieras... Pero no salgas fuera sin abrigarte bien, o podrías enfermar más...

-¡No! Es... espera... ¿No vamos a hablar?

-... ¿Hablar de qué? Si no sabes de qué hablar... Acabas de preguntarme si vamos al gimnasio... o... o si hacemos algo...

De nuevo la misma cara, y el tigre sospechaba que era por su culpa. A este paso, se acostumbraría a sentirse culpable más de lo que querría, especialmente teniendo en cuenta que casi nunca se había sentido así. Cuando vio que Marcus se levantaba ante la falta de palabras por su parte, también él se levantó, interponiéndose entre el híbrido y la puerta de la cocina, agitó los brazos, nervioso, a ambos lados de su cuerpo, y dejó de hacerlo en cuanto se percató. Luego, hizo lo primero que se le ocurrió... Hablar.

-Está bien, está bien... pues... vamos... a hablar...

-... Tú dirás...

Sólo dos palabras, y le parecieron mucho más. De hecho, para él fueron mucho más. Quizás fuera poco observador, pero había ciertas cosas que le hacían darse cuenta de otras cosas más importantes, aunque sólo fuera porque las había visto ya antes. Y aquellas dos palabras se las había oído decir muchas veces a su madre, por lamentable que fuera. Casi todas las discusiones con su padre terminaban con marcas de golpes sobre el cuerpo de su madre, antes de que ella se fuera de casa. Y generalmente, al día siguiente, su padre se mostraba falsamente arrepentido, e intentaba convencerla de que no volvería a ocurrir... Luego le preguntaba qué podría hacer para que le creyera, y ella siempre le decía lo mismo: "tú dirás".

Ahora Marcus se lo decía a él con el mismo tono de voz, y eso le dolía, aunque sólo fuera por comparación, más de lo que el híbrido podría haber imaginado antes de pronunciar esa corta frase. No era culpa suya, sino de Dean, y se daba cuenta. Se daba cuenta de que él sólo le había dicho que eran novios, pero nunca se había portado con Marcus de un modo siquiera parecido a como debería comportarse con su pareja. No se lo estaba tomando en serio. En cierto modo, no veía esa necesidad. Pero Marcus sí que se tomaba aquello en serio, y saber que le había decepcionado, más allá de haberle hecho llorar, o haberle golpeado o insultado, le estaba haciendo más daño del que pensaba que sentiría.

Quizás el híbrido era, o sería, más de lo que pensaba para él. Quizás valía la pena dar un poco de su parte, y no esperar sólo recibir todo lo que Marcus estuviera dispuesto a darle antes de cansarse. Por supuesto, Dean tenía una mente un tanto cerrada y bastante egoísta, y aunque no captó gran parte de la esencia de lo que él mismo sentía en ese momento, y que en parte le daba miedo y negaba (ya que suponía entregar un trozo de sí mismo a alguien que consideraba más débil), algo dentro de él estaba empezando a cambiar y a hacerle plantearse que, si no con todo el mundo, al menos podría cambiar su forma de tratar a Marcus.

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No sabía por qué lo intentaba... Había pasado más de un cuarto de hora desde que se habían encontrado al otro lado de la verja que separaba los jardines de la calle. Habían entrado en casa, le había servido leche caliente con miel, se había sentado ante él, esperando a que dijera algo sobre su relación... o lo que fuera... y sólo había recibido silencio. Y del tenso, incómodo y molesto, además. No tenía ni idea de qué le quería decir, o si le quería decir algo... Eso era evidente...

También estaba nervioso. Eso se veía fácilmente. Aunque quizás sólo era porque tenía algo de fiebre... Y ahora lo tenía plantado delante de él, mirando al suelo, sin decir nada... Pero entonces el tigre levantó la mirada hacia él. Parecía inseguro, eso no había cambiado, pero también... preocupado... como antes, fuera de la casa, cuando le había pedido perdón por su comportamiento. A pesar de haber reconocido esa mirada, lo que Dean dijo al abrir la boca fue algo que le sorprendió.

-...... ¿Cómo te encuentras? ¿Quieres hablar de eso?

En ese momento se sentía, en cierto modo, decepcionado. Esperaba otra cosa... No estaba seguro de qué, pero definitivamente no eso... Porque era... bueno... no era propio de Dean... Aunque probablemente ese era un buen tipo de decepción, porque significaba... algo importante... o eso pensaba al menos... Debió de poner una cara extraña, porque rápidamente Dean se ruborizó. Los pelos sobre sus hombros se erizaron, igual que los de su nuca (aunque desde su posición eso no lo vio), y cruzó los brazos, girando la cabeza y mirando hacia otro lado. Luego puso cara de mosqueo, aunque sus mejillas estaban claramente sonrojadas, y tras chasquear la lengua habló con tono de estar harto... aunque no sabía de qué...

-¡Yo ya he dado una propuesta! ¡Si no te gusta propón tú algo!

Marcus no pudo contener una pequeña mueca de felicidad reflejada en su rostro, acompañada de una risa muda al ver el comportamiento infantil de Dean, aunque se tapó la boca rápidamente al oír el bufido que dio el tigre como respuesta. Dean estaba aún más rojo que antes. Era obvio que ponía todo lo que podía de su parte, aunque le fastidiase y le hiciera sentir vulnerable. Justo cuando el híbrido iba a hablar, le cortó y habló él en su lugar, como ofendido o molesto por su silencio... Típico de Dean...

-Bueno, yo ya te he pedido perdón, y no pienso volver a hacerlo. Así que si es eso lo que quieres, te vas a quedar con las ganas.

No sabía explicar exactamente por qué, pero le gustaba aquella actitud. Y le hacía gracia... Probablemente demasiada, ya que no pasaron ni cinco segundos antes de que contener su risa le resultara imposible. Dean parecía tan terriblemente ofendido cuando había dicho aquello... Es que no le había dicho nada y ya estaba molesto... Aunque más molesto se mostró cuando empezó a reírse, aunque tampoco se rió a carcajadas, ni mucho menos. Su cara se puso completamente roja, aunque no sabía si de furia, rabia o humillación (a saber por qué estaba así, si hace un momento hasta parecía un individuo sensible y todo...).

-¡No te rías, imbécil! ¡Se supone que estamos intentando hacer las paces!

-Ja, ja, ja... Pero si me acabas de decir que no me pensabas pedir perdón otra vez...

-¡Porque tengo mi orgullo! ¡¿No te jode?! ¡Encima querrás que me disculpe dos veces!

-¿Ves? Ya estás gritando y a la defensiva... ¿No ves que así nadie querría hacer las paces contigo?

El tigre le miró detenidamente unos segundos, como examinándole, o examinando sus opciones, aunque probablemente estuviera pensando en algo completamente diferente. El color rojo fue desapareciendo de su cara, y con él la furia que parecía llevar dentro, y al final habló con la voz, aparentemente firme, pero quebrada en el fondo... Marcus veía esa duda en el tono de voz tan clara como la veía en sus propias palabras muchas veces.

-Bueno, pues si no te gusta mi forma de ser, no hacemos las paces. Me voy a mi casa.

Rápidamente Dean se dirigió a la puerta de la cocina y la empujó con fuerza, esperando que se abriera. Luego tiró, al ver que empujando no conseguía nada, pero siguió sin conseguir lo que quería. Marcus aprovechó su torpeza para acercarse por detrás y cogerle por un hombro, aún medio riéndose, en parte por el comportamiento infantil del tigre y en parte porque su falta de observación era evidente... Justamente esa puerta era deslizante, y por mucho que empujase o estirase no la conseguiría abrir...

-Dean, quiero hacer las paces contigo...

El tigre se giró rápidamente y le señaló con el dedo índice justo entre ojo y ojo, con cara casi amenazadora... Casi, pero no... Marcus no se inmutó ni se apartó lo más mínimo.

-¡Pues no lo parece!

-Eres muy tozudo, violento y demasiado orgulloso para tu propio bien...

-Y tú eres demasiado tranquilo y demasiado comehierbas como para no irritarme...

-... pero tienes claro lo que quieres y vas a por ello sin importarte lo que digan los demás...

-... y además estudias demasiado, y nos dejas en ridículo a los que disfrutamos de la vida... haces que parezcamos tontos...

-... y no dejas que traten de convencerte de lo que no crees, y eso está bien...

-... y eres ridículamente grande, y me da igual de qué especie seas... eres enorme y no cabes por muchas puertas, y necesitas sillas gigantes, y son muy incómodas...

-Aparte, disfrutas de las cosas que te gustan, y quieres mucho a tu hermano y le defiendes de un modo admirable...

-Y eres un imbécil...

-Oye, que yo te estoy diciendo cosas buenas...

-... y el desayuno no estaba tan bueno...

-Ey...

-Eres un llorica...

-Dean...

-... indeciso...

-Venga...

-¡Trípode andante!

-¡Eh!

-¡¿Qué?!

-¿Hacemos las paces?

-Mmm... Está bien. Pero lo has propuesto tú.

-... Lo que tú digas...

-Supongo que ahora querrás hablar de cómo te encuentras...

-Bueno, si tú quieres... Antes me lo preguntaste y...

-Bla, bla, bla... Si quieres hablar de cómo estás, te aguanto el sermón, pero no me digas lo que he dicho o lo que no, que eso ya lo sé yo.

Probablemente, no conseguiría nada mejor que aquello... Además, Dean volvía a tener las mejillas sonrojadas, así que era evidente que se alegraba de haber hecho las paces y de estar con él, aunque no lo reconociera.

-Está bien... Si quieres vamos a tomar algo al bar del primer piso mientras hablamos...

-¡¿También tenéis un bar?!

-... Sí... Bueno, no es muy grande, pero es un bar... Reuel lo usa cuando hay visitas "importantes", pero ahora no debería haber nadie...

-Pues vamos.

Tardaron cinco o seis minutos en llegar, ya que aunque no estaba muy lejos de donde estaban, se cruzaron con dos o tres criados (de los cuales dos se habían acercado a la cocina al oír los gritos de Dean) a los que Marcus tuvo que dar una breve explicación (más por sentirse obligado que por estarlo) y pedirles discreción y tranquilidad. También se encontraron con la mayordoma, una yegua llamada Abigaíl, y que a pesar de su semblante serio y estricto, había demostrado una gran dulzura y comprensión con Marcus, y era posiblemente uno de los individuos más apreciados por el híbrido en aquel edificio.

La encontraron en la puerta del bar, que acababan de limpiar según parecía, y ella les pidió educadamente que no echaran a perder, revolviendo el lugar en dos minutos, el trabajo que habían hecho aquellos que habían gastado casi una hora en dejarlo todo reluciente. Era obvio que lo decía por Dean, pero el tigre no pareció darse cuenta.

Una vez dentro, Marcus fue tras la barra, cogió un par de zumos (mirando que no estuvieran fríos) y dos vasos, y se sentó en una de las mesas, esperando a que Dean le siguiera y se sentara con él. Sin embargo, el tigre no pareció especialmente contento con la idea, o al menos no pareció querer sentarse tan pronto, y se puso a ojear y tocar todo lo que estaba a su alcance, que contuviera alcohol o ambas cosas.

-¿Qué coño haces con dos zumos? Acabo de beberme un vaso de leche. No quiero esa mierda... Además, aquí hay un porrón de bebidas con alcohol, ¿por qué demonios tenías que coger lo único que no lleva?

-Se suponía que íbamos a hablar...

-Ve hablando. Yo te oigo desde aquí.

Hubo unos cuantos segundos de silencio por parte de Marcus, aunque Dean no pareció darse por aludido, así que el híbrido optó por expresar su molestia ante el hecho de que, en vez de sentarse a su lado, o frente a él, Dean estuviera viendo y tocando todo lo que podía ver y tocar de entre las estanterías de detrás de la barra.

-Oye, Dean... En serio... Me gustaría hablar de esto, a ser posible contigo prestándome atención...

-...... ¿Perdona? No te estaba escuchando.

-... ¿Puedes sentarte conmigo para hablar? Por favor...

Aparentemente molesto, al menos al principio, Dean salió de detrás de la barra, se acercó y, con un chasquido de la lengua y frunciendo el ceño, como quien quiere dejar claro que hace algo a disgusto, se sentó frente a él, cogió uno de los dos zumos, lo abrió, lo sirvió en el vaso que tenía más cerca y se lo bebió. Luego se quedó mirándole, como desafiándole a hablar... Ese era su propósito, así que empezó a contarle cómo se sentía.

Al principio el tigre sólo mostraba en su cara molestia o aburrimiento, aunque poco a poco aquellas falsas emociones fueron dando lugar a leves atisbos de interés, o incluso preocupación. Marcus sólo le había visto aquella expresión, aunque más marcada ciertamente, cuando se concentraba al practicar algún deporte o jugar algún partido que quería ganar (cualquiera, básicamente). Aunque los bostezos no estaban ausentes, algunos eran forzados, y aunque en parte le molestaba, le alegraba saber que Dean era tan orgulloso como pensaba.

Le contó prácticamente toda su vida, y le trató de explicar por qué se encontraba como se encontraba, pero omitió pequeños detalles, como que era un ángel y tenía poderes, o las continuas violaciones que había estado sufriendo por parte de su padre, en parte porque no sentía la necesidad de contárselo, aunque también porque no le parecía lo más oportuno para empezar una relación con alguien tan dominante como Dean, pero sobre todo porque temía que, si se lo contaba, lo hiciera con el leve tono de nostalgia con el que recordaba aquellos momentos, que le hacía sentir enfermo y repugnante, y al mismo tiempo le impulsaba inconscientemente a buscar un trato parecido por parte del tigre.

Al rato, Dean incluso se dignaba, con un falso desinterés, a comentar lo que le contaba, fingiendo que hablaba por hacer algo y no dormirse de aburrimiento, aunque su tono de voz delataba cada vez un mayor interés por su parte. Al final, también el tigre le contó de nuevo el trato que estaba acostumbrado hasta hacía solo unos días a sufrir por parte de su padre, e incluso confesó el rencor que guardaba hacia su madre por haberles dejado solos con él, a él y a Andrew. Aún así, parecía más rabia, y un intento de culpar a alguien, de intentar encontrar una razón para haber vivido con su padre, como si hubiera sido algo inevitable. Aunque a Marcus no le parecía bien lo que la tigresa había hecho a sus hijos, podía notar que Dean la echaba de menos.

Poco antes de terminar la conversación, el híbrido había conseguido armarse del valor suficiente para confesar al tigre lo que buscaba en él: alguien que le dominase, con el carácter y la fuerza de voluntad que creía que a él le faltaba, que le hiciera sentir seguro, protegido, y con quien poder hablar de vez en cuando, y que a la vez le respetase al menos en cierta medida. Dean se limitó a escucharle, y lo "mejor" que dijo sobre lo que le atraía de él se centraba en su entrepierna, tema que decidieron dejar para más adelante.

Dean y Marcus hicieron un trato. Él se encargaría de "dirigir" ligeramente su relación sentimental, ya que iban a intentar llevarla adelante (Marcus al menos quería intentarlo...), para que no se centrase demasiado en el sexo, algo que obviamente ocupaba gran parte de la mente del tigre, gran parte del tiempo... o al menos eso daba a entender. Dean se encargaría de casi todo lo que al paquidermo le daba vergüenza abordar o que no sabía llevar bien. El resto de cosas las decidirían entre los dos, es decir: las decidiría Dean con la aprobación más o menos voluntaria del híbrido.

Marcus estaba realmente desesperado, en cierto modo, por encontrar a alguien que "dirigiera" su vida, y a la vista de que su padre estaba muerto, Dean le parecía la mejor opción de todas las personas a las que "conocía", y aunque había temas en los que no estaba de acuerdo con él, prefería que fuera un tigre pervertido, agresivo y... bueno, prefería que fuera Dean antes que Reuel, o quien fuera que hubiese matado a su padre, o le hubiera forzado a suicidarse, o lo que quisiese que hubiera pasado, si es que no se había suicidado realmente por voluntad propia. Si alguien iba a controlar su vida y decirle cómo vivirla, al menos prefería poder decidir él mismo quién lo haría.

Después de toda aquella conversación, claramente más seria de lo que resultaba cómodo para Dean, aunque también más sincera y liberadora para Marcus de lo que esperaba, teniendo en cuenta con quien hablaba, hubo un largo silencio, sólo acompañado por el implícito ruido que acompañaba a la casa. Marcus se bebió lentamente el zumo que había cogido hacía ya un buen rato, y que había perdido gran parte de su encanto al calentarse, principalmente porque lo había estado manoseando durante toda la conversación y ni siquiera se pudiera decir que fuera ya refrescante.

Mientras se lo tomaba, sujetando el recipiente con el extremo de la trompa enrollado alrededor del cuello de la botella, sintió como uno de los pies del tigre se frotaba contra la zona exterior de su pierna derecha. A lo mejor no era un pie, sino la cola... No estaba seguro, pero parecía un pie. Su duda quedó rápidamente resuelta cuando sintió entre sus piernas todos los dedos de aquel mismo pie, aparentemente descalzo ahora, usando el bulto que sus testículos provocaban en sus pantalones como apoyo... o como juguete...

Sorprendido, al no haberse esperado aquello (no estaba seguro de por qué... debería haberlo supuesto...), se atragantó y escupió casi todo el zumo que tenía en la boca hacia delante, mojando la mesa y, sobre todo, la cara y el cuello de Dean, y buena parte de su camiseta. Mientras el híbrido se recuperada y tosía, el tigre aprovechó para limpiarse la cara y el cuello, aunque no se molestó en limpiar la mesa. Una vez recuperado, Marcus se levantó de su sitio ante la atenta, y casi molesta, mirada del felino.

-¿Qué hacías?

Dean le observó perplejo, cómo si la respuesta fuese completamente obvia y no entendiera el motivo de su pregunta.

-Joder, ya hemos hablado como tú querías... Ahora me toca pasarlo bien a mí un rato, ¿no? Además, sólo te estaba tocando el paquete... Tampoco es para tanto...

-Pero estamos en mi casa...

-Sí. ¿Y? ¿Qué quieres? ¿Que salgamos al jardín? A mí no me hace gracia que me vean en público contigo, en plan "hola, somos maricas. Mira cómo nos queremos"... Tengo una imagen que mantener... Y no voy a renunciar a la posibilidad de sobarte, sobre todo con el zipotaco que tienes, así que hazte a la idea.

Marcus le miró casi decepcionado, antes de responder a aquellas palabras.

-¿Te da vergüenza que seamos novios?

-No, hombre... Es sólo que no creo que haga falta que vayamos por ahí dando a entender que estamos juntos...

-... O sea que te da vergüenza que la gente sepa que eres gay...

-No soy gay... Me molan las tías... algunos tíos están bastante bien... No hace falta que todos sepan que eso es lo que pienso, de todas maneras... Afectaría a mi imagen innecesariamente...

-Vale... Bueno, pues a mí no me gusta que me sobes así... Al menos podrías esperarte a que estuviésemos en un lugar más íntimo, no aquí...

El tigre rió a carcajadas al oír aquel comentario, antes de empezar a toser (estar enfermo tiene este tipo de cosas...) haciendo algunos ruidos bastante feos y con la cara roja, haciendo muecas que indicaban que le molestaba la garganta. Cuando se recuperó, le miró con la cabeza medio agachada y, aún tosiendo un poco, le habló.

-No seas ridículo... ¿Quién va a entrar aquí a molestarnos? Tu hermano seguro que no, porque no bebe... Que mira que pareces tonto...

Como enviado por el mismísimo Dios, y dando lugar a un momento que serviría de recordatorio para el tigre de que no siempre tenía razón, la puerta se abrió en ese momento y entró Kevin, con cara de susto o de preocupación, y se asomó desde detrás de Marcus para mirar a Dean con los ojos levemente enrojecidos (a juzgar por el pelo húmedo brillante en su cabeza, hacía poco que se había estado bañando, y por el débil olor a cloro había sido en la piscina).

-¿Estás bien? ¿Y qué hacéis aquí? ¿Cuándo has vuelto, tete?

Dean se quedó en el sitio quieto, sin responder y, como única señal de frustración ante el hecho de que ahora seguro que no podría sobar al híbrido, se mordió el labio superior, dejando a la vista los dos "grandes" colmillos inferiores.

-Ve a cogerte un zumo si quieres, y luego hablamos o jugamos un rato, ¿vale? Dean venía a jugar con nosotros. ¿A que sí?

El tigre abrió la boca, en parte sorprendido por lo rápido que Marcus había dicho aquella mentira, y en parte porque se sentía traicionado. Aún así, trató de fingir lo mejor posible y respondió con toda la naturalidad de la que se vio capaz, y que a pesar de ser más bien poca, pareció convencer al joven mamut.

-Sí, claro... Era una sorpresa... ¡Sorpresa! Ja, ja...

Su cara tardó bien poco en cambiar de una falsa sonrisa amistosa a una mirada furiosa, dirigida a Marcus, en cuanto Kevin se giró y fue tras la barra del bar a por un zumo.

-¿Por qué coño le has dicho eso? Eres un...

Antes de que acabara, el híbrido le cogió una de las manos, asegurándose de que Kevin no les estaba viendo, y la llevó hasta su entrepierna, dejando que el tigre palpara por unos instantes la forma de sus genitales a través de la ropa. Luego la apartó de nuevo y, acercando unos instantes sus labios al oído del felino, le susurró las únicas palabras que sabía que mantendrían a raya a Dean.

-Tú no quieres que la gente sepa que estamos juntos, y yo no quiero que me metas mano a la primera de cambio. Mientras Kevin esté aquí sígueme la corriente, y tendrás todo lo que quieras de mí más tarde. ¿Vale?

-... Sí.

Cuando se giró de nuevo hacia donde estaba el mamut, le vio volviendo desde detrás de la barra. Esperaba que no hubiera visto nada, o al menos no la primera parte... Su hermano no dio muestras de ello, y en cuanto llegó a su lado, sonriente como lo estaba ahora Dean, le ofreció un zumo a cada uno, que en ese momento ambos rechazaron, aunque Dean lo aceptaría más tarde para intentar quitarse las molestias de la garganta.

-¿A qué jugamos?

-Pues...

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17/1/3844 (miércoles)

-Pues te lo digo en serio... creo que te has pasado...

-... por mí como si la chafa un tren. Es una... una... se lo merece... Por cobarde y puta... y mala madre... interesada de mierda...

-Se preocupa por ti y tu hermano... es normal... Sólo querrá veros y... no sé...

-¡No! ¡Es una zorra interesada y una cobarde! ¡Viene ahora porque quiere vivir en MI casa! ¡Ella se fue y nos dejó solos! ¡Ahora que se joda! ¡Haberse quedado, como hice yo! ¡Todas las palizas que me he comido yo eran para ella! ¡Ahora que me las pague!

-...... Pero... si tenía miedo de tu padre...

-¿Y yo no? ¡¿Yo no?! Nos dejó solos con él... ¡Una mala madre!

-¿Tenías miedo de tu padre? Creía que sólo le odiabas...

-Yo... eh... ¡Eso no importa! Además, es una forma de hablar... ¡No me cambies de tema! ¿Por qué no me das la razón? ¡Se supone que somos novios y me apoyas!

-Pero es que creo que te has pasado... En serio... dale una oportunidad... habla con ella... ¿No echas de menos a tu madre ni un poquito? Es que me parece que te estás tomando esto como una especie de insulto, en vez de como una nueva oportunidad para volver a estar juntos... Yo... a mí me gustaría poder estar con mi madre a veces... Y no puedo... creo que no deberías hacer algo de lo que te puedas arrepentir luego...

Dean le observó unos segundos. Tenía todo el pelo de la nuca erizado, las garras, afiladas y tensas, perfectamente a la vista, y se le notaba claramente tenso. Se había quitado toda la ropa por encima de la cintura, ya que a pesar de estar en enero estaba sudando bastante por el acaloramiento que sufría. Además, tenía toda la cara roja.

_ Esa misma tarde, nada más volver de clase, había encontrado en la puerta del piso en que antes vivía (ya que estaba temporalmente en el de Dorian) a su madre. Tenía una apariencia mayor a la última vez que la había visto, algunos años atrás, aunque parecía más feliz. También algo incómoda, probablemente porque era consciente de que acababa de presentarse ante su hijo sin avisar, aunque con un papel firmado que atestiguaba que era realmente su madre y que tenía permiso legal para hacerse cargo de él y de su hijo, a pesar de haberles "abandonado" a su suerte. Dean sólo se enteró de que la policía había ido a comunicarle que su marido estaba entre rejas, y que era el familiar más cercano, tanto geográfica como genéticamente, del tigre y de su hermano, y que por tanto era responsabilidad suya hacerse cargo ahora de ellos._

_ No le dio tiempo a explicarle nada más, puesto que el felino decidió ignorarla y entrar en casa de Dorian, dejar la mochila y la cazadora, volver con ella, escupirle a la cara y dejarla allí plantada para ir a quejarse a Marcus a la enorme mansión, a su cuarto, donde ahora estaban. Andrew se había quedado en el piso de Dorian, demasiado desconcertado y lento de reflejos como para seguir a su hermano, además de demasiado entusiasmado por ver de nuevo a su madre, y triste por ver la respuesta de Dean a aquel encuentro._

Pasado casi un minuto, el tigre se frotó la cara con ambas manos y miró al híbrido de nuevo a los ojos. Mientras Dean estaba de rodillas y descalzo, además de medio desnudo (al menos de cintura para arriba) sobre la cama de Marcus, el paquidermo le miraba sentado desde su silla, enfrente del ordenador, aunque dándole la espalda al monitor, tan vestido como si fuera a salir a la calle de un momento a otro y sólo le faltara coger la chaqueta si hacía fresco. Y mientras uno parecía a punto de matar a alguien, el otro permanecía casi inmutable. El cuarto estaba bien cerrado para asegurar que los gritos de Dean no molestaran en el resto del edificio.

Finalmente, el felino suspiró profundamente, sus garras se ocultaron de nuevo y su cuerpo se relajo por unos instantes.

-...... Bien... Supongamos que tienes razón, que sólo quiere volver a vernos y todo eso...

-No tiene más remedio, ¿no? Está obligada legalmente a cuidaros... De todas formas, yo creo que os echaba de menos y... es una buena oportunidad para que volváis a ser como una familia... Y si no, aún así, deberías tratar de llevarte bien con ella... Vas a estar a su cargo quieras o no hasta que seas mayor de edad...

-¡Bien! ¡Lo que sea...! ¡Da igual! ¿Qué gano yo intentando llevarme bien con ella? Si no quiere estar a buenas conmigo, no servirá de nada, y de todas formas sigo pensando que es una cobarde y una mala madre...

-Todos cometemos errores... En serio... intenta perdonarle y ver esto como algo bueno...

-¡No gano nada! En serio... ¡¿Qué coño gano yo con eso?!

-......

-...

-... Está bien... Está visto que no hay otra manera de hablar las cosas contigo...

Mientras hablaba, Marcus se levantó y se acercó a la puerta de la habitación, la abrió, miró fuera y la cerró de nuevo, echando la llave. Se dio la vuelta y terminó lo que había empezado a decir.

-Pero tienes que ir a hablar con ella... de buenas maneras... ¿De acuerdo?

Sin decir nada más, con la mirada gacha, aparentemente triste, o derrotado, como si realmente no quisiera hacer lo que iba a hacer, se empezó a desabrochar la camisa. Dean le miró perplejo, aunque no hizo el menor gesto de intentar detenerle. Luego sonrió ampliamente.


Ya anochecía cuando terminaba de subir las escaleras. Dos minutos más tarde, tras enterarse de que Andrew y su madre estaban en su casa, y no en la de Dorian, a donde había ido, cogió su mochila y fue a verles, y a hablar con ella. Al abrir la puerta, el olor a carne calentándose sobre una sartén, y el sonido del aceite chisporroteando, llegaron hasta él. Era un chisporroteo extraño y familiar. Cuando él cocinaba, el sonido era diferente, pero éste era más... reconfortante, en cierto modo. Le trajo algunos recuerdos que le hicieron tranquilizarse al principio, pero después le llenaron de una cierta rabia, que afortunadamente supo neutralizar antes de acercarse a la cocina.

Allí encontró a Andrew junto a su madre, quien al parecer le enseñaba a cocinar un poco de carne. Simple, pero por algo se empieza... Cuando ella le vio, le hizo un gesto a su hermano pequeño, que salió de la cocina y, antes de irse a su cuarto le dirigió una mirada que parecía decir "no te pelees con ella". En cuanto se quedaron a solas, el tigre entró y miró a la tigresa unos segundos.

-... Dean...

-... Amelia...

Pareció molestarle que no la llamara "mamá". Como si no la considerara su madre. En cierto modo eso era lo que sentía, y en cierto modo lo que temía. No poder llamarla su madre. No poder sentirla como tal. Aunque era algo que se negaba, era cierto.

-Supongo que no sirve de nada que me enfade contigo si estás obligada a cuidarnos. No creo que te vaya a perdonar por dejarnos solos con ese cabrón, pero eso no se puede arreglar ya. Y Andrew parece contento, y no quiero que me odie por tu culpa... Así que intentemos llevarnos bien y que no haya broncas.

Después de aquello hubo casi medio minuto de silencio. Su madre le miraba como incrédula. Él no entendía exactamente por qué seguía allí, si ya le había dicho todo lo que le pensaba decir. Quizás esperara una respuesta por parte de la tigresa, pero no la que le iba a dar. Amelia se le acercó lentamente, observando su reacción, y se siguió acercando incluso cuando a Dean se le erizó el pelo de la nuca y se le tensaron los brazos. Pero antes de que se reaccionara de malas formas, o de que se apartara, avanzó rápidamente y le abrazó.

Lo primero que sintió fue cómo su cuerpo se tensaba. No tenía derecho a tocarle de esa forma... Pero pronto respiró hondo, al principio para intentar tranquilizarse, y después, al recibir el olor de su madre, para intentar quedarse con aquel olor, tan familiar y a la vez tan distante, como un recuerdo casi olvidado que le hizo estremecerse. Rápidamente se calmó, para su sorpresa, e igualmente extraño le resultó encontrarse devolviéndole aquel abrazo.

-Gracias por esta oportunidad, hijo...

-...... No te vuelvas a ir así nunca más... O jamás te lo perdonaré...

*********************************************

En cuanto terminó de vestirse de nuevo, esta vez con prendas más informales, y después de que Dean se marchara, salió de la habitación lo más discretamente posible. Rápidamente bajó a la planta baja por las escaleras al final del pasillo, y en cuanto llegó al final de éstas, se acercó a la tercera lámpara en la pared junto a la puerta que separaba estas escaleras del resto de la planta en que se encontraba. La lámpara estaba situada de manera que sólo se podía ver desde dentro de la habitación con las escaleras, de modo que nadie le vio girarla sesenta grados en sentido horario, y nadie le vio desaparecer tras el hueco que se había abierto en la pared, y que según las leyes de la física le deberían haber permitido entrar al baño al otro lado del muro, y sin embargo le condujeron por una escalera de piedra en espiral a un piso más abajo.

En cuanto llegó al piso inferior, al final de los tortuosos escalones, se encontró en un pasillo estrecho (para él, aunque para otros posiblemente no lo fuese tanto), que se apresuró en cruzar, alcanzando finalmente su objetivo: una sala de piedra maciza perfectamente cúbica salvo por la presencia de dos puertas. Una, la que acababa de cruzar, y la otra en el lado opuesto de la habitación. Aunque parecía vacía, sabía que Reuel estaba allí.

Confirmando su presencia, el enorme mamut saltó hacia él desde su derecha. Pese a su tamaño, la habitación resultaba muy espaciosa, sobredimensionada, y él se movía con asombrosa facilidad y haciendo el menor ruido posible. Aún así, Marcus estaba preparado, y rápidamente moldeo la roca a su derecha con la mano del mismo lado, dándole forma de improvisado escudo o barrera que, aunque no muy grande, lo era lo suficiente como para parar el ataque de Reuel, agrietándose por el impacto. En otras circunstancias le habría sorprendido, pero ya había visto muchas pruebas de la fuerza sobrenatural del mamut, aunque sabía que había otros como él más fuertes.

-Llegas tarde, y eres torpe.

Lo que le sorprendió fue el segundo puñetazo, propinado con la mano derecha del lanudo paquidermo, quien le golpeó de pleno en el estómago y le empujó contra la pared de piedra, en la parte interior del cubo, aplastándole contra ésta. Casi al instante vomitó todo lo que había tomado esa tarde, que afortunadamente sólo era líquido, mezclado con algo de sangre. Tenía, sin duda, varias costillas rotas. Podía arreglarlo sin demasiada dificultad, pero eso no eliminaba el dolor, las náuseas ni el mareo.

El mamut le dejó caer al suelo, donde se arrodilló tocándose el estómago con la mano, algo que lamentó ante la fuerte punzada de dolor que sufrió al hacerlo. Le costaba respirar y le costaba enfocar la vista. Tan rápido como pudo, tocó la piedra del suelo, se mezcló con ella y reparó todos los daños convirtiendo su cuerpo en resistente roca, reorganizando todas las roturas, huesos y músculos torcidos, y órganos afectados, y en cuanto terminó se levantó, para encontrarse frente a él a su padre adoptivo, completamente desnudo (quitando un par de anillos en cada mano, que tapar tapaban mas bien poco) y de brazos cruzados, con el ceño fruncido. No le importaba que a Reuel o a otros muchos ángeles y demonios les pareciese completamente natural ir desnudos, pero como padre adoptivo el mamut debería saber que así no se ganaba su respeto ni su cariño.

-Si hubiera querido te habría podido matar ahora mismo. Llegas tarde a tu entrenamiento, y no pareces haber aprendido nada. ¿Por qué te protegiste así antes?

-...... Ibas a golpearme y tenía que bloquear el ataque...

-No. Bloqueaste mi primer puñetazo, no el ataque. Además, al crear el muro en esa posición bloqueabas parte de tu propio campo visual, y no habías manipulado suficiente cantidad de roca. Aunque hubieras visto por dónde venía el segundo golpe, lo habrías recibido igualmente. Eres lento en tus movimientos, reaccionas demasiado tarde y tu nivel de poder actual no te permite compensarlo. Este no es un entrenamiento que puedas hacer cuando te de la gana. Debes ser constante y puntual. Cada minuto y cada segundo que entrenes o dejes de entrenar pueden marcar una gran diferencia.

-......

-¿Al menos convenciste al tigre para que se reconciliara con su madre?

-... Sí...

-Bien. Pues ahora olvídate de él. No te conviene.

-Pero somos nov...

Interrumpiéndole, Reuel se adelantó rápidamente y le cogió por el cuello con la mano izquierda. En uno de los dedos llevaba un anillo de un metal blanco brillante, con destellos azulados o violáceos. Marcus tenía entendido que a aquel metal, que no se podía encontrar de forma natural en aquel planeta, se lo llamaba "luz de luna". Su efecto al contacto con la piel de los ángeles no sobrepasa el de un leve picor, pero no ocurre lo mismo una vez atraviesa esta capa, y aquel anillo tenía un saliente puntiagudo que se estaba clavando en su cuello ligeramente. Eso era suficiente para que notara sus efectos.

Su cuerpo se tensó por la punzada en el cuello, pero se relajó y quedó débil enseguida, con los brazos colgando a ambos lados y sujeto en el aire por la fuerte mano del enorme mamut. Le costaba respirar, tenía náuseas y no podía defenderse.

-¡No sois nada! Él es un mortal, desagradable además, y obsesionado con el sexo. Tú eres un ángel. Compórtate como tal. Estás creando vínculos afectivos. Eso es una debilidad, y puede perjudicar nuestros planes. Olvídate de...

Antes de que terminara la frase aparecieron, aparentemente de la nada, dos figuras, una a cada lado del mamut, a la misma distancia de Marcus que de Reuel. A la derecha del híbrido, Ismael hizo un rápido movimiento con la mano, pasándola cerca de su cintura, de donde cogió una alargada espada tan negra como la propia oscuridad. Marcus apenas pudo ver su siguiente movimiento, aunque no importó demasiado ya que el propósito quedó claro enseguida, cuando Reuel pareció soltarle y cayó al suelo, aunque pronto comprobó que la mano seguí sujetándole el cuello. La única diferencia era que ahora estaba separada del cuerpo del mamut a la altura del codo, por donde había pasado la espada.

Al tocar el suelo, se apoyó mal y se inclinó hacia su izquierda, algo de lo que se lamentó pronto, al sentir cómo si toda su piel estuviera ardiendo y se empezara a caer. Y aunque no era eso lo que pasaba, sí que pudo notar cómo su cuerpo apenas le respondía, y vio su mano izquierda empezar a sangrar a través de gruesas grietas que empezaban a extenderse por su brazo. Afortunadamente, sólo un instante más tarde apareció un akita inu al que apenas conocía, pero que ya había visto un par de veces, y que según le habían dicho se llamaba Anael.

Anael le cogió rápidamente por el otro brazo y por el hombro y tiró de él, alejándole de donde estaba hasta una de las esquinas de la habitación, desde donde trazó una línea en el suelo que unía las dos paredes que formaban la esquina, dejándoles a ellos dos tras la línea, y usando una extraña tiza (o eso parecía) de color azulado y que emitía una leve luz como instrumento de dibujo. Tan pronto como terminó de trazar la recta y apartó la mano, una barrera de tenue luz blanquecina se proyectó en vertical desde la tiza. Con su otra mano, el perro tocó su pecho, colocando sobre él un pequeño papel con un dibujo que prefirió no saber de dónde había sacado, dada su completa desnudez.

El terrible dolor de su brazo desapareció tan rápidamente como le había afectado antes, aunque no vio ninguna mejora a simple vista, y desde luego estaba sangrando mucho. Sin embargo, tan rápido como Anael le quitó del cuello la mano inerte del mamut, y el anillo de luz de luna dejó de clavarse en su cuello, las heridas en su mano, y supuso que también las del resto del brazo, cubierto por su ropa ahora ensangrentada, se cerraron rápidamente. El akita le miró a los ojos unos segundos, y examinó su brazo rápidamente, después de romper buena parte de la sudadera que llevaba.

Después de comprobarlo todo, le miró de nuevo, esta vez sonriendo, y empezó a murmurar algunas palabras. La brillante barrera que les separaba de Reuel y los otros dos se retorció y les rodeó, envolviéndoles lentamente. Con aquella barrera en medio, Marcus no podía ver lo que pasaba al otro lado, aunque no estaba seguro de querer verlo, y aunque hubiera querido no habría tenido tiempo. El velo de luz que formaba la barrera les cubrió por completo y le cegó unos segundos.

Cuando su visión se ajustó de nuevo a la nueva iluminación, se encontró en otra sala, con paredes de piedra similares a las de la que acababa de abandonar, pero ésta estaba llena de gente. Casi todos estaban sentados en torno a una enorme mesa alargada de lo que debía ser madera y metal, de apariencia bastante lujosa. En el centro había un hueco circular lo bastante grande como para permitir que dentro estuvieran sentados cómodamente tres gorilas de pelo oscuro, aparentemente dormidos y formando un triángulo equilátero. Entre ellos, de pie y con el "collar" desplegado, había un lagarto con collar (un clamidosaurio) de casi dos metros y medio de alto, delgado y, aunque quizás musculoso, de apariencia débil, físicamente al menos. El reptil estaba despierto y tocaba con sus alargadas y afiladas manos el borde de la mesa, donde un círculo de luz roja con extraños símbolos iluminaba y volvía más amenazadores los rasgos faciales de aquellos que se sentaban a la mesa.

Un macho de zarigüeya esbelto y con poca musculatura, aunque con un aspecto más saludable que el clamidosaurio y de algo más de 2m de alto, se encontraba en una de las sillas, completamente desnudo y doblado de una forma imposible para Marcus, haciendo una U invertida, de manera que aunque el trasero estaba unos centímetros por encima de la silla en la que dormía, su cuerpo se doblaba hacia atrás y hacia su izquierda, y su cabeza colgaba del revés tocando el delgado borde de la silla.

A la derecha de la zarigüeya, y por tanto a la izquierda para Marcus desde donde estaba observando la situación, aún sorprendido por todos los cambios repentinos, aunque no demasiado, ya que no era la primera vez que le transportaban a otro sitio, había un puma enorme, de unos 2,25m de alto, más esbelto que musculoso y de mirada arrogante, con los pies sobre la mesa, inclinado hacia atrás en otra de las sillas y luciendo un miembro monstruoso que ni siquiera parecía erecto, de aspecto humanoide más que felino, y que probablemente le llegaría casi hasta la barbilla si no estuviera colgando por uno de sus costados. Rápidamente apartó la vista, aunque el puma pareció percatarse de que le había mirado y chasqueó la lengua al tiempo que se ponía en pie para hacer un comentario.

-Vaya, parece que el niñito dos-trompas quiere comerme la polla. ¿Quieres probar el sabor de un macho de verdad, niño? Qué vergüenza de ángel, desesperado por comerle el rabo a...

-Cállate, estúpido. Nadie te ha pedido tu opinión.

La nueva voz pertenecía a un lobo adulto, mayor que el puma en apariencia, en otro punto de la mesa, y que había tenido la decencia, en opinión de Marcus, se ponerse aunque fuera unos pantalones. El puma pareció terriblemente ofendido por la interrupción, y su enfado se reflejo claramente en su cara, acentuado por la luz rojiza.

-¡¿Osas desafiarme?! Te recuerdo que...

-La tienes más grande y eres mucho más macho que yo. Sí, siempre dices lo mismo, pero no sabes usarla. Además, sabes que sirve para procrear, ¿no? Para eso necesitas una pareja, no un esclavo, y menos de tu mismo sexo... eres bastante penoso yendo de machito cuando no eres capaz de mantener una relación más de veinte minutos, ¿sabes? Además, el chico ha apartado rápido la mirada. A lo mejor le das asco y eres tú el único desesperado por un poco de sexo.

De pronto, el puma se abalanzó sobre el lobo, algo que en parte le asustó, porque parecía que iba en serio y que habría una batalla en la que podría acabar involucrado. Pero por otra parte le resultó bastante vergonzoso ver la escena, porque en su opinión ver al puma saltar desnudo y golpear mientras saltaba la mesa y la cara del reptil con... aquello... era simplemente grotesco, y perturbadoramente fascinante.

Antes de que el puma se hubiera acercado lo suficiente como para golpear al lobo, que no parecía tener la más mínima intención de evitar la pelea, apareció entre los dos un león al que Marcus identificó claramente por la voz como el otro individuo que había hablado en la excursión cuando todo se quedó quieto repentinamente y se le acercó Ismael, y que hasta entonces no había visto en persona. Por supuesto, el león habló en ese momento, o de lo contrario Marcus no le habría reconocido.

-Al primero que se le ocurra dar un solo puñetazo, patada o cualquier cosa que se pueda considerar un ataque le arranco los brazos y se los sirvo en la comida. ¿Ha quedado claro?

Tanto el lobo como el puma se mostraron molestos, pero a pesar de la evidente tensión en el ambiente ninguno volvió a hacer ningún gesto de querer atacar al otro. Marcus aprovechó el momento para seguir observando el lugar en que se encontraba y sus ocupantes. Más hacia el extremo de la mesa vio a otro león y un tigre de edades similares, al menos en apariencia. También estaba el hermano de Reuel, idéntico a él. Un joven rinoceronte y una especie de toro o búfalo extraño, con tres brazos y bastante feo, se encontraban a su lado, casi tirados sobre la mesa y aparentemente dormidos. Marcus prefirió ignorar dónde estaba la parte del brazo del mamut que no veía, y que sólo era visible hasta el codo, que tocaba en trasero descubierto del bóvido justo debajo de sus dos colas (algo que le llamó la atención).

Dos sitios a la izquierda del enorme mamut había un jabalí con una gran musculatura, aunque su estómago parecía anormalmente hinchado. Mientras le observaba, dio un eructo realmente desagradable, y de su boca expulsó media bocanada de líquido blanco, espeso y de intenso olor (como su agudo olfato le permitió notar) que chorreó un poco por su barbilla y despejó las dudas del híbrido por completo. Si le obligaban a sentarse en aquella mesa, lo haría lo más lejos posible de aquella zona.

En el lado opuesto de la mesa había dos sitios vacíos, y otro ocupado por una vaca de color blanco y negro a la que reconoció rápidamente como "Patricia", su antigua profesora de matemáticas, aunque tenía entendido que ese no era su verdadero nombre. Nos estaba dormida, al contrario que la mayoría de los presentes, aunque no sabía si eso era bueno o malo. Al verle, ella le miró directamente a los ojos y sonrió de forma maternalista, aunque no supo si debía pensar mal o bien de ella, ya que al fin y al cabo todo lo que creía saber de ella podría ser mentira perfectamente.

Tras unos segundos de silencio tenso, sin que él supiera a qué estaban esperando o por qué le habían llevado allí, apareció a su derecha, en la pare a su espalda, una especie de agujero o portal de un negro tan profundo que temió caerse a su través y perderse. Le sorprendió ver que lo primero que salió de él fue Reuel, no porque le faltara un trozo del brazo izquierdo, o porque entrara como si le hubieran lanzado. Ni siquiera le sorprendió el hecho de que rebotara contra el suelo y se golpeara con la mesa en la cabeza.

Lo que le sorprendió fue lo terriblemente débil que parecía en ese instante, y lo horriblemente distendido que estaba su estómago. Su brazo derecho se movía como si estuviera partido por varios sitios, su torso y sus piernas, hasta los pies, estaban recorridos por innumerables riachuelos de su propia sangre, pero todo su cuerpo estaba cubierto por una espesa capa de líquido blanco y apestoso. El mismo líquido chorreaba y salía como de una tubería rota por su ano, y manchaba el suelo, cada vez que rebotaba contra el suelo. Incluso cuando chocó contra la mesa y se detuvo siguió saliendo, y lentamente su torso dejó de parecer tan hinchado y distorsionada, mientras el charco crecía bajo su cuerpo.

Instintivamente, y angustiado por la escena, que no pareció perturbar a nadie salvo a Anael y a él mismo (aunque no podría asegurarlo porque no estaba mirando al resto realmente), se apartó a un lado, alejándose del enorme mamut y el charco de semen que ya casi le tocaba los zapatos, y del que prefería no saber nada.

Ismael apareció a través del "agujero" en la pared, y le siguió un burro (que seguramente era el otro ser que había aparecido antes junto a Reuel), que además de resultar enorme y tener una musculatura digna de ser temida, lucía entre las piernas algo que más que a un pene se asemejaba a un enorme tentáculo de varios metros de longitud, que ondulaba como una serpiente alzándose ante su presa, solo que en lugar de amenazar con una gran boca y afilados colmillos, lo hacía con una especie de uretra en la que podría haber cabido su brazo, y que expulsaba lo que a simple vista parecían litros de semen en cuestión de segundos. No tuvo que contemplar mucho aquella visión, porque enseguida el "tentáculo" se retrajo, menguó rápidamente y tomo el aspecto del pene de un burro cualquiera... más grande quizás pero no TAN monstruoso.

Teresa, la vaca a la que Marcus había llamado siempre patricia, se acercó al inmóvil cuerpo de Reuel, y al hacerlo Marcus se fijó en que, a diferencia de la mayoría de los presentes ella iba vestida por completo y, sorprendentemente, parecía incluso elegante a pesar de llevar ropa muy similar a la que había podido ver en muchas otras hembras. Al llegar junto al mamut, que había quedado en una postura realmente humillante, con el trasero completamente visible e incluso un poco levantado, dejando ver un ano ensangrentado y abierto de manera antinatural, extendió una mano sobre su cuerpo, a medio metro de él, y el aire pareció retorcerse alrededor del paquidermo.

Incluso su cuerpo y todo lo que le rodeaba pareció estirarse, girar y arremolinarse a su alrededor. Sólo dos segundos después todo volvía a la normalidad, excepto por el hecho de que Reuel y todo el semen y la sangre que le habían acompañado mientras se arrastraba por el suelo se concentraron en un punto en mitad del aire y desaparecieron de su vista. El suelo volvía a estar impoluto, salvo por el líquido preseminal con que el burro no dejaba de mancharlo a su paso. Teresa le miró y le habló como si todo aquello fuera lo más natural del mundo.

-¿No le habrás inoculado larvas?

-... No, ya sé que Joe no está aquí para arrancárselas a nadie... Sólo le he metido unos cuantos huevos, pero no estaban fecundados...

-Está bien... Sentaos en vuestros sitios... Anael y Marcus venid aquí. Hugo está un poco alterado hoy y no queremos que mate a nadie "sin querer"...

El burro chasqueó la lengua, lo que le dio a entender que él era el tal Hugo, así que al menos ya sabía el nombre de alguien a quien preferiría no acercarse nunca. Todo el mundo se sentó en su sitio, salvo los que ya estaban sentados o dormidos, que no se movieron lo más mínimo, a excepción de Saúl que decidió sacar el brazo de donde estaba sólo para dar un fuerte puñetazo hacia delante, escondiéndolo aún más que antes de su vista y haciendo que el toro, búfalo o lo que fuese mugiera en sueños. Preferiría no haber visto aquello, pero parecía que a aquella gente no le importaba si le gustaba o no el ambiente que había.

En cuanto todos estuvieron sentados a excepción de él (Leo le había ofrecido sus rodillas como asiento, pero declinó la oferta por razones obvias, y aunque había una silla que debía ser para Reuel vacía y limpia, prefirió no cogerla, dado lo cerca que se encontraba de Hugo), Leo habló para todos.

-Bueno, antes de nada, os presento a Marcus. Algunos le conocéis, otros no... No me importa, pero nadie tiene permiso para follárselo... De momento...

Marcus se estremeció ante esa aclaración.

-Hace poco creo que muchos habéis podido comprobar que su aura ha quedado casi completamente anulada. Reuel le ha clavado un trozo de luz de luna, así que es posible que no vuelva a tener poderes jamás, y eso es algo que creo que nadie quiere...

El puma le interrumpió repentinamente.

-A mi me la sopla. Un problema menos.

Leopoldo le miró de forma amenazadora, pero luego relajó el ceño y siguió hablando. Esta vez se dirigió a Anael antes que al resto.

-¿Algo que destacar sobre su estado?

-Está perdiendo sus poderes. No creo que se pueda hacer nada dentro de dos o tres horas si sigue a este ritmo...

-Si ese es el caso, no nos sirve de nada. No podemos confiar en un ángel tan débil que no soporte un simple pinchazo con un pequeño anillo de luz de luna, hasta llegar a ese extremo. Pero no opinas lo mismo, ¿verdad?

-......

-... Habla, o me estarás dando la razón, y sabes lo que le pasará al chico entonces.

-Creo que no es sólo culpa de la luz de luna...

-Explícate.

-Cuando Hugo apareció, lo hizo muy cerca de Marcus, y no suprimió su aura del todo...

-¿Y...?

Anael respiró hondo, y contestar le llevó unos cuantos segundos. Hugo le observaba de un modo desafiante, y el león de forma inquisitiva, aunque parecía conocer ya todas las respuestas a las preguntas que estaba haciendo.

-Casi le mata. Le aparté a tiempo, pero destruyó uno de los focos centrales de energía espiritual. Por eso no se regenera. He sellado con una runa el poco poder que le queda, pero he puesto la runa demasiado rápido y el daño es grave. Tal como está acabará... perdiendo todo su poder...

El lobo de antes saltó y profirió una carcajada al oír lo de la runa, y en cuanto Anael acabó de hablar no se molestó en ser discreto al insultar al akita.

-Chucho incompetente... Ya no sabes hacer una maldita runa como dios manda...

El león le miró de forma severa y habló de nuevo para todos en cuanto el lobo se volvió a sentar.

-Bien. En vista de que la culpa no ha sido únicamente del chico y de su debilidad, propongo que antes de matarlo sin darle una oportunidad sometamos el tema a votación.

En aquel momento, Marcus descubrió lo frío que podía llegar a ser su sudor, y lo mucho que podía sudar. Al menos no se meó encima... Aunque tenía serias dudas de que su corazón o sus pulmones funcionasen bien en ese momento.

-Teniendo en cuenta que Reuel podría ayudarle a potenciar su poder lo suficiente como para que lo recupere, que Anael podría ayudar también con sus runas y el tiempo necesario, y que al menos en teoría Marcus debería tener el potencial necesario como para igualar en poder a un serafín, lo cual me parece como mínimo interesante, estas son las posibles opciones: lo matamos. Es lo más fácil y menos problemático, pero habría que cambiar los recuerdos de unos cuantos mortales, o hacer que pareciese un accidente, o matar a todos los que le conozcan o puedan sospechar algo... En fin, lo de siempre.

Marcus se puso aún más pálido e hizo un gesto que debieron interpretar (correctamente, de hecho) como un intento de salir de allí, porque el león carraspeó y Anael le cogió por el brazo, acercándole a la mesa de nuevo.

-Segunda opción: empezar el entrenamiento de cero, y antes de eso tendríamos que ayudarle a recuperar el poder que ha perdido y el foco central de energía que ha sido destruido. Llevaría mucho tiempo, y sinceramente no voy a mantener una burbuja temporal tanto rato sólo por un crío. Así que no daría tiempo a que alcanzase su pleno potencial. Aún así podría ser el suficiente, si tenemos suerte y no le matan antes, claro... Y la suerte no está de nuestro lado, y no es conveniente que la tentemos, así que habría que protegerle las 24 horas del día. Desde luego es una opción más molesta.

El híbrido tenía ya toda la piel empapada en sudor. No quería morir allí, sin ni siquiera poder despedirse, y la cosa no pintaba nada bien. Una tercera opción le llenó de esperanza, aunque las perspectivas que ofrecía le desilusionaron terriblemente cuando la escuchó.

-La tercera opción es simple, rápida y más cómoda que la segunda, aunque si la cosa no va bien podríamos encontrarnos de cara con la primera opción. Sólo habría que forzarle a "despertar"...

Hugo le interrumpió repentinamente.

-¿Y si muere?

-Volvemos a la opción número uno, ya lo he dicho. Hace falta que alguien estimule los centros de actividad espiritual de Marcus, o sea, sobrecargarlos, ya que ahora tiene uno menos... Como ha sido Hugo quien lo ha destruido, será él quien se encargue de hacer esa parte.

-¿Y si no me sale de los...?

-No era una sugerencia.

Hubo un largo silencio. Algunos sonreían, Saúl seguía a lo suyo como si fuera lo más natural del mundo, y el lagarto le miraba de una manera que no sabía si interpretar como interés, desprecio o preocupación. De todas formas, examinando sus posibilidades tampoco es que le importase demasiado cómo le mirase un lagarto al que no conocía de nada. Tras algunos interminables segundos de agonía, al menos por su parte, el silencio se rompió y comenzó la votación.

-¿Primera opción?

El puma, el burro, el león, el jabalí, el tigre cerca de Saúl y Saúl levantaron la mano. También lo hizo el lagarto, mostrando un dedo levantado al león, que lo observó detenidamente. Casi la mitad de los que estaban allí parecían quererle muerto.

-El voto de Hugo se anula, ya que si Marcus está en peligro de muerte es en gran medida por su culpa. Sólo se tendrá en cuenta en caso de empate. ¿Segunda opción?

Ninguno de los presentes levantó la mano, salvo Anael, pero Leo le dirigió una mirada severa y éste bajó rápidamente la mano y se quedó mirando al suelo. El lobo al otro lado de la mesa soltó una carcajada.

-¿Tercera opción? Recuerdo que mi voto es nulo, por razones obvias...

Anael, Teresa, Ismael y el lobo levantaron la mano. El lagarto alzó también la suya, pero esta vez mostró dos dedos levantados. Leopoldo sonrió levemente.

-¿Quién?

El lagarto habló por primera vez.

-Yo y Lemuel.

-Está bien. Lo comprobaré más tarde. Puesto que Reuel no está en condiciones de votar, y parte del problema ha sido causado por él, su voto queda anulado igual que el de Hugo. La opción aceptada por mayoría es la tercera. ¿Algún voluntario para forzar a Marcus a "despertar"? Recuerdo que Hugo es quien aporta la energía espiritual, y hace falta alguien lo bastante fuerte como para vigilar que no le mate... al menos a propósito...

Ismael, Teresa y el lobo alejado de ellos levantaron la mano.

-Tú no, Lamec. Estás acostumbrado a sedar demonios o envenenarles. Podrías matarle. Ismael será quien se ocupe de esto. Pero pasemos a otros temas... El día cuatro de este mismo mes y año infecté a un rinoceronte con el prototipo de Semilla que Lamec sintetizó a partir de la que Nikolas tenía implantada, y he comprobado que funciona. La semilla estaba contaminada con el aura de Hugo, y ahora el rinoceronte en cuestión se pasa más tiempo follando que respirando, al menos cuando la activamos. Parece que el efecto de la semilla es difícil de controlar, ya que apenas tenemos modificadores de la percepción entre nosotros, aunque Lemuel, Morfeo y Rómulo están en ello ahora mismo.

Mientras lo decía, señaló con un amplio gesto al lagarto, los tres gorilas y la zarigüella.

-Aún así Lamec ha desarrollado otra semilla. Es similar a la anterior, pero es más fácil de controlar, aunque sólo por Saúl. Hemos experimentado con ello y podemos crear un enlace entre la semilla y un individuo concreto; Saúl en este caso. El individuo en cuestión puede activarla he incluso transferir emociones a la semilla, que infectan la mente de aquel en el que se ha introducido la semilla. Por cierto, la semilla se introduce por el recto, ya que en el intestino bajo es donde mejor arraiga. Hemos probado a introducirla por vía oral, pero los ácidos del estómago la destruyen fácilmente, y si se introduce por las fosas nasales o el oído suelen matar al sujeto.

Ismael carraspeó levemente, indicando que quería hablar, y Leo le cedió la palabra.

-Gracias. Sólo quería añadir que estamos trabajando en una semilla con movilidad propia, como la que sacamos del cuerpo de Nik, y capaz de multiplicarse, para aumentar su eficacia. También estamos intentando que no desprenda señales igual que aquella. Son difíciles de detectar, pero Joe la notó enseguida, así que es probable que otros puedan hacerlo. No sé si Saúl puede notar la que Angus tiene injertada...

-Sí, la he notado. Estoy intentando sacar un consolador que le metí hace un rato, pero gracias por preguntar.

Marcus se puso rojo por un instante al oírle decir algo así con esa naturalidad, aunque el frío que sentía y su palidez hicieron que apenas pareciera un leve sonrojo. El león siguió hablando.

-Bien, tema zanjado. Cuando haya más avances informaré a quien deba informar. Siguiente tema: Joe. ¿Progresos?

Fue Anael quien habló esta vez, al parecer un tanto incómodo de encontrarse donde se encontraba.

-Igual que siempre. De momento no hay nada nuevo, aunque Nik parece un poco más... "percetivo" que antes.

-¿Perceptivo en qué sentido?

-Creo que puede ver parte de mi aura, y el flujo de energía cuando estoy haciendo runas... Es sólo una impresión. Estoy casi seguro de que nota algo, aunque no tengo pruebas.

-Está bien. Eso es suficiente de momento. Vigílale.

-Sí...

-¿Hagos no os está molestando, no?

Anael habló de nuevo, aunque la pregunta parecía dirigida a todo el mundo, no sólo a él.

-De vez en cuando vigila a Nik, pero no parece querer acercarse. Aparte de eso, creo que no quiere nada con nosotros ni con el enemigo.

-Bastará de momento. Mientras esté interesado en su "madre" nos interesa tener a Nik a nuestro cargo, así que protegedle y no dejéis que muera. Ismael: ¿Qué hay de Orión y el koala idiota?

Ismael se giró hacia Leo un instante, como insultado por aquella pregunta, y respondió con una voz cargada de una gran molestia.

-De momento todo va según lo previsto.

-Estupendo. No hay nada más que añadir. Marchaos. Anael, ve a curar las heridas de Reuel y vete a casa con Nik. Ismael y Hugo... Ya sabéis lo que hay que hacer.

Poco a poco, todo el mundo se fue retirando. Ismael le hizo un gesto para que le siguiera, y cuando no obedeció le cogió por la muñeca y lo llevó con él fuera del cuarto, haciéndole atravesar un portal oscuro, como el de antes, que hizo aparecer frente a ellos. El burro les siguió y pronto se encontraron los tres en una habitación completamente esférica, sin puertas ni ventanas, y de pie en mitad del aire. No había ni un solo mueble, adorno o lámpara en toda la habitación, ni fuentes de luz a simple vista, aunque en aquel extraño lugar sus cuerpos estaban bañados en una tenue y al mismo tiempo brillante luz dorada.

Ismael se colocó a un lado y Hugo al otro, y se cogieron de las manos. El aire se volvió denso y la atmósfera opresiva. Sentía que le empujaban desde todas las direcciones posibles, y empezó a ver a su alrededor una especie de viento verdoso, azulado, rojizo, cambiante y tan hermoso como temible a ojos del híbrido, quien desconcertado se giró hacia Ismael cuando sintió su piel calentarse, como si estuviera ardiendo, y se empezó a resquebrajar de nuevo como la arcilla al secarse bajo el Sol.

Ismael le miró directamente a los ojos, y su cuerpo se quedó completamente inmóvil, preso de un pánico tan agobiante y tan profundo que se sintió ahogarse con el propio aire, arder con el simple calor de la sangre que recorría sus venas y brotaba de sus recientes heridas, y helarse con el frío sudor que chorreaba por su cuerpo. Los labios de Ismael se movieron para hablar, y le pareció ver ante él la puerta que le llevaría al otro lado, a un lugar que prefería no visitar sin al menos despedirse de su hermano y de algunas otras personas.

-Haz el favor de sobrevivir.

No era la forma más elegante de esperar a la muerte, pero su vejiga no parecía dispuesta a que Marcus se fuera al más allá, estuviera donde estuviera, sin haberse quitado un peso de encima, así que antes de que se diera cuenta sus pantalones y sus piernas ya estaban manchados por su propia orina. Tampoco es que le importase, o que se percatara de ello siquiera. El olor de su propia sangre lo impregnaba todo.

En aquel momento sólo sintió un dolor agudo en lo que creyó que era su corazón, y miles de imágenes de su vida cruzaron por su mente, tanto aquellas que habría preferido olvidar como aquellas a las que se aferraba con todas sus fuerzas. Durante un eterno segundo sintió el dolor más atroz de su vida, y luego hubo silencio, paz, y una extraña calidez que le abrazaba como una madre abraza a su hijo recién nacido, o cuando está enfermo, para reconfortarle.

No recordaba nada más de lo que pasó después. Sólo que quería sentir aquella sensación de nuevo, y que se encontraba especialmente eufórico. No sabía dónde, cómo ni en qué momento. Sólo quería sentirlo otra vez.

19/1/3844 (viernes)

Dean le observaba atentamente, con la cara a sólo unos centímetros de la suya, tumbado en la hierba debajo de él (que estaba a cuatro patas, no aplastándole...). Estaban, más concretamente, sobre la hierba de un parque, de camino a casa de Dean, a donde Marcus había decidido acompañarle antes de ir a su casa después de las clases. No sabía exactamente cómo habían acabado así. Sólo que mientras caminaban se habían empezado a poner de un humor especialmente meloso, y que tonteando se habían desviado y se habían metido en una de las zonas de hierba, entre unos árboles, y aunque se les podía ver, era más difícil en aquel sitio y tenían más intimidad.

Ambos se habían quitado sus respectivas cazadoras y habían soltado sus mochilas, se habían tumbado en la hierba tras comprobar que no había nadie (conocido al menos) en las cercanías, y habían acabado por manosearse (más Dean que Marcus, aunque al final el híbrido terminó por animarse) y besarse de formas que, probablemente, el paquidermo nunca había imaginado. Y ahora se miraban el uno al otro.

Dean tenía la cara roja y sonreía como un crío pequeño, y Marcus probablemente tendría la misma cara, pero no se la podía ver en ese momento. Por primera vez, ambos estaban disfrutando de estar con el otro, y no había sexo de por medio, y eso fuese probablemente lo que hizo que Marcus decidiera que realmente Dean era "para él", o que él era "para Dean", en cierto modo, porque si Dean estaba disfrutando de algo así y no le estaba sugiriendo sexo (a pesar del evidente bulto en sus pantalones), sino que se conformaba con caricias, besos y roces, entonces podía haber una comprensión.

Lo que no sabía era que Dean estaba pensando exactamente aquello mismo. Al final, no había sido una semana tan mala...