White Wolf Chapter 3 (Spanish)

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#1 of White Wolf

¡Sí, capítulo 3 publicado! Perdonen por la falta de actualizaciones, he estado ocupadillo con la uni y otras vainas.

Pero ya estamos con otro nuevo cap y espero que lo disfruten ;3


-Oh, vaya, no sabía que te tocaba hoy- dijo mi madre tras entrar a mi cuarto.

-Se me adelantó un día- suspiré, tomándome una pastilla para el dolor-. Odio la puta regla.

-La boca- me recordó mi padre.

-Perdón- suspiré nuevamente, no muy agradado por sentir como mi interior parecía hacerse un "hara-kiri".

Estábamos ya en octubre. Habían pasado un par de meses desde que salí de casa y habíamos pasado del calor a una temperatura algo más tolerable con el pelaje que tenía. Había sido una aventura hasta ese momento todo lo que había vivido. Había quedado muchas más veces con Joel y sus amigos y había sido muy divertido disfrutar de cosas nuevas cada vez que lo hacíamos: la bolera, la sala recreativa, practicar piragüismo, poder beber alcohol por primera vez...

Mis padres también me habían llevado a sitios muy interesantes, pero eso era siempre que no estaban ocupados. Si no tenían que trabajar, tenían que hacer los servicios comunitarios. Eso fue otra cosa interesante, descubrir que mi padre es un cocinero en un restaurante y mi madre una maestra de primaria. Pude ir a ver sus lugares de trabajo e incluso conocer algunos de sus compañeros. Los alumnos de mi madre parecían estar realmente intrigados con tener a un lobo blanco en frente suya, y esa intriga se transformó en múltiples preguntas que me tocó responder lo mejor que pude.

Sin embargo, aquel día me había despertado con algo de mal humor. Mi querida amiga, la regla, decidió que era una buena idea adelantarse un día y amargar mi existencia. Y lo peor era que, desde que cumplí los 18 y mi fertilidad se empezó a hacer evidente, la regla solo había empeorado. Antes era molesta y la podía sobrellevar, pero ahora necesitaba tomarme pastillas para que el dolor fuera más ameno y pudiera hacer lo mínimo y necesario.

Tras tomarme la pastilla, volví a sentarme con mis padres en la mesa para desayunar, dando un gran trago a mi vaso de leche con cacao y dando un gran mordisco a una tostada con mantequilla y mermelada. El dulce era otro de mis calmantes cuando me venía la regla, aunque antes de que tuviera 18 no me era tan necesario. Para tratar de no ganar demasiado peso, trataba de que esos dulces tuvieran la mínima azúcar, por lo que a veces recurría a trucos dietéticos como las gelatinas con edulcorante, que hacían el apaño. Sin embargo, había veces que no podía evitar un dulce en condiciones.

-¿Seguro que el médico no puede darte nada más?- preguntó mi madre, claramente preocupada por verme así.

-Él fue bien claro- recordé, mordiendo de nuevo la tostada-: Las reglas que me lleguen tras cumplir los 18 serán dolorosas hasta que tenga el primer embarazo. Una vez lo tenga, las reglas volverán a ser cómo eran antes.

-Me parece una solución algo drástica- asintió mi padre-. Pero nosotros sabemos poco de cómo funciona el cuerpo de un lobo blanco, así que habrá que confiar en el médico.

-Hablando de embarazos- mencionó mi madre algo nerviosa-, ¿hay alguna novedad respecto al primer chico que quieres para tu primer embarazo?

-El problema es que no conozco a nada más que 4- suspiré-. El primero es Joel, después está su hermano Julio, siguiendo con Raúl y terminando con Elliot. Como veis, no he conocido a muchos chicos más.

-Imagino que será difícil- rio mi padre, tratando de animarme. Yo le di una sonrisa de agradecimiento.

-De momento, todos con los que me cruzo son unos babosos e interesados- conté yo-. Pero ya os conté el plan que tengo con los chicos. Simplemente, no he querido dar el paso aún. Quiero disfrutar un poco de la calma que me queda.

-Es comprensible- asintió mi padre.

-Sí, de momento que no haya embarazos cercanos a la vista no es algo que deba alarmarnos- mi madre asintió con él.

-¿Tenemos algún plan hoy?- pregunté curioso-. No me gustaría dejar que la regla me impida hacer más cosas.

-Lo sentimos, cariño- mi madre bajó sus orejas-. Me temo que hoy nos toca cumplir con servicios a la comunidad.

-Vaya- yo también bajé mis orejas, algo decepcionado.

-Si te anima un poco, puedes invitar a Joel a casa- mencionó mi madre.

-¡Sí!- exclamé emocionado, como si la regla ya no estuviera presente.

-Es un chico muy simpático- sonrió mi padre-. Nos ha demostrado que es responsable y te cuida mucho.

-Lo sé- mi cola se meneaba inconscientemente detrás de mí, mostrando como de feliz me hacía saber que Joel vendría.

-¿Y por qué no Joel?- preguntó mi madre, mirando a mi padre. Yo quedé confuso.

-¡No es una mala opción!- exclamó mi padre, sonriendo.

-¿Opción para qué?- pregunté, ladeando mi cabeza confuso.

-Tu primer embarazo, claro- respondieron casi al unísono.

Aquella respuesta me hizo toser. No tenía nada en la boca, simplemente me atraganté con mi propia saliva. No podía creer lo que estaba oyendo salir de las bocas de mis padres.

-¿M-Me queréis matar del susto o algo?- pregunté tras recomponerte.

-Puedes quejarte todo lo que quieras- sonrió mi madre triunfante-. Pero el sonrojo en tu rostro y tu reacción nos valen como respuesta.

-¿Sonr-rojo?- tardé en darme cuenta de que tenía el rostro caliente.

-Te gusta, ¿verdad?- preguntó mi padre.

-Y-Yo...

-Sé honesto- me recordó mi madre.

-¿P-Puede?- pregunté, sonriendo incómodo.

-Eso no fue una respuesta demasiado segura- mi madre ladeó su cabeza.

-¿Qué sientes cuándo estás a su lado?- preguntó mi padre, lo cual me hizo ponerme a pensar.

-Pues... Me siento bien- empecé a contar, sonriendo poco a poco-. Él siempre me pregunta cómo estoy y si necesito algo. Siempre se ofrece el primero a llevarme a casa después de una quedada y, cada vez que tengo dudas sobre mi especie, le pregunto y él me responde con honestidad. Me agrada verle sonreír y, cuando me mira, mi corazón se acelera sin ningún moti-

Antes de decir algo más, me detuve en seco. Mis padres se quedaron confusos al verme parar de repente y cambiar mi rostro a uno de sorpresa. Me di cuenta de que en mi hocico se había formado una sonrisa y mi cola se estaba moviendo frenética. La realidad que pensé que no era posible me golpeó como si de un rayo se tratase. Un rayo de luz que despejó las dudas.

-¡Joder, estoy pillado por Joel!- exclamé, impactado.

-Lo sabemos- asintió mi padre.

-P-Pero...

-Hijo, tranquilo- rio con suavidad mi madre.

-¿C-Cómo pasó esto?- me pregunté-. Pensaba que solo era aprecio por todo lo que me ha ayudado.

-Simplemente ha ocurrido- sonrió mi padre.

-¡Espera!- exclamé, dándome cuenta de algo-. ¿No estáis alterados por esto?

-Más bien estamos aliviados- sonrió mi madre-. Por lo que hemos hablado con él durante estos dos meses, nos hemos dado cuenta de que es un buen chico. Te ha cuidado desde que saliste de casa y siempre está cuidando de ti. Nos quedamos más tranquilos si es él el que te embaraza finalmente.

-Aun... no sabemos si aceptaría ser mi pareja- mencioné yo, jugando con mis dedos.

-Nosotros creemos que ese chico está tan enamorado de ti como tú de él- mi padre se levantó y me puso una mano en la espalda, empezando a acariciarme con cuidado-. Y estamos seguros de que los padres de Joel también han notado esto en su hijo. No tienes porque decírselo hoy. Puedes esperar un poco más, pero que sepas que Joel sería un buen padre.

-Me lo pensaré- les respondí.

Tras esta conversación, terminamos de desayunar. Mientras le ponía un mensaje a Joel acerca de hacerme compañía, mis padres se despidieron y se marcharon a realizar los servicios comunitarios. Joel me respondió a los pocos segundos de ponerle el mensaje:

Joel: Tu caballero de brillante armadura va a hacerte compañía en este día de regla ????

Leer eso me hizo reír. Mi cola se empezó a mover frenéticamente, chocando con el sofá de forma rítmica. Eso me hizo recordar lo que dijeron mis padres. Joel siendo el primer padre de mis primeros hijos era una idea que, hasta ese día, no se me había pasado por la cabeza. Al principio, pensé que lo que sentía por él era más una gran amistad que cualquier otra cosa.

Pero ahora las señales eran demasiado evidentes. En verdad estaba colado por ese lobo. Cerré mis ojos por un momento y empecé a imaginar esa idea: veía a Joel con un par de lobeznos en brazo, sonriendo y meciéndolos en sus brazos mientras, en otra cuna, había otro bebé. Pensé en que me miraba y sonreía aún más, feliz de estar a mi lado. No lo noté, pero se me estaba formando una sonrisa tonta en el rostro.

Cuando abrí mis ojos, recordé que aún estaba en calzoncillos, así que me dispuse a ponerme un pantalón y una sudadera para así estar mínimamente decente cuando Joel apareciera. Me gustaba ir con poca o ninguna ropa, pero desde que empecé a salir era necesario usarla a menudo. No me molestaba, si era honesto: Elliot me estaba descubriendo muchísimas prendas, accesorios y otras cosas estéticas, y la verdad es que me había fascinado. Aún no me había dedicado a ir afuera de casa y hacer una compra de lo que de verdad me apetecía vestir, ya que la mayoría de ropa son cosas elegidas por mis padres, pero ya lo haría tarde o temprano.

El timbre sonó en la puerta de casa, por lo que fui hasta la misma mientras mi cola empezaba a moverse contenta. Detrás de la puerta, Joel apareció con una chaqueta vaquera, una sudadera y unos pantalones vaqueros, además de que en su mano cargaba una bolsa reutilizable de tela.

-Buen día- saludó el lobo-. ¿Cómo te trata la regla?

-Me voy apañando- sonreí yo-. Pero, si soy honesto, estoy jodidamente agradecido porque hayas llegado. Necesito distraerme de alguna forma.

-No te preocupes- Joel levantó la bolsa-. Aquí traigo cosas para hacer.

Dejé pasar a Joel y este se fue hasta la cocina, dejando la bolsa en la encimera y empezando a sacar cosas. Lo primero fueron varios videojuegos y juegos de mesa, además de una baraja de cartas. Sin embargo, me sorprendió ver que Joel empezó a sacar ingredientes tales como huevos, harina, mantequilla...

-¿Para qué es eso?- pregunté confuso, arqueando una ceja.

-Me dijiste que te gustaban los dulces cuando la regla golpeaba- sonrió Joel-. Primero pensé en comprarte una tarta, pero después me dije "¿Y si la hacemos nosotros mismos? Será más divertido". Y como ves, no estoy de coña. Vamos a ser reposteros por un día.

-Suena divertido- sonreí, meneando mi cola-. Mi pregunta es sobre lo que vamos a comer antes porque, aunque una tarta sea una idea curiosa como comida, prefiero que sea un postre o una merienda.

-Tus padres me dijeron que podía cocinar un poco de pasta, si quieres- respondió el lobo, rascando su cabeza-. Sé que suena a demasiada caloría, pero por un día no pasa nada, ¿no?

-Mmm... Me parece bien- asentí yo-. Total, hoy ya pequé con las tostadas esta mañana.

-¿Alguna petición sobre que quieres de pasta?- preguntó Joel.

Pensé por un momento acerca de que tipo de pasta me apetecía. Sé lo que mis padres tenían en los armarios y la nevera, así que no sería difícil que se me ocurriera algo rápido. Había un tipo de pasta que hacía tiempo que no comía, pero la quería de una forma diferente. Y no tardé en dar con una. Exclamé mi respuesta mientras Joel terminaba de colocar los ingredientes en la nevera o en el armario.

-¡Lasaña de setas!- exclamé decidido.

-¿Tenemos los ingredientes para eso?- preguntó el lobo, ladeando su cabeza.

-Sí, no te preocupes- asentí-. Me sé de memoria lo que hay en los armarios.

-Perfecto entonces- sonrió Joel, cerrando el armario-. ¿Quieres jugar un poco antes de que nos pongamos a cocinar?

-Ya estás tardando en enchufar la consola, que te voy a romper el culo- respondí, con algo de desafío en mi tono de voz.

-¿Oh?- Joel sonrió, arqueando una ceja-. No me desagrada esa idea.

-¿Huh?- yo ladeé mi cabeza, confuso-. Qué raro, Raúl me dijo que eso se decía de forma común para decir que le ibas a ganar a alguien.

-Ay, Ethan- Joel me acarició la cabeza-. Se nota que no eres tan pervertido como el resto.

-¿Debo pensarlo de forma pervertida?- pregunté, pensativo-. Romper el culo... ¡Ah!

-Entiendo que ya lo has pillado- Joel se dio cuenta, diciendo aquello mientras mi rostro se enrojecía de la vergüenza-. ¿Quieres hacer lo que dijiste de romperme el culo?

-¡Q-Que no, coño!- exclamé, golpeando su hombro-. Cállate.

-Ouch, jeje- Joel acarició el hombro donde le golpeé-. Venga, no te enfades. Ya sabes que lo digo en broma.

Dije que "Lo sabía", pero en el fondo no pude evitar imaginarme a Joel desnudo y en mi cama. Desde que salí de casa, había "experimentado" por cuenta propia sobre cosas que aprendía por Joel o por el resto de sus amigos. Una de esas cosas era masturbarme, ya que siempre dejaba que mi miembro duro se calmase por cuenta propia. Fue una experiencia, no voy a negarlo. Una que me gustó mucho y obviamente repetí.

Sin embargo, hablar sobre sexo era un tema completamente diferente y nuevo para mí. Para Joel, Raúl, Elliot y Lucía parecía ser algo de lo que hablaban a menudo, aunque veía más a los chicos hablar sobre ello. Noté como ellos se controlaban de hablar sobre aquello porque aún no me había acostumbrado a todo eso, lo cual lo agradecía, pero también les comentaba que podían hablarlo sin reparo alguno.

Joel y yo no tardamos en encender la consola y ponernos a jugar a un juego de peleas que el lobo había traído. Era divertido luchar para ver quien era el mejor, además de que, pese a que nos molestásemos al perder, sabíamos que ninguno de los dos íbamos en serio y que todo era parte de la diversión que era jugar con videojuegos. Tras un rato, decidimos empezar a preparar la comida y la tarta.

Joel y yo fuimos a la cocina y nos pusimos los delantales, empezando a sacar los ingredientes necesarios para preparar la tarta y la lasaña. Decidimos ir repartiendo las tareas según íbamos avanzando con las recetas, pasando a la siguiente cuando uno había acabado con uno de los pasos. En cierto punto, el bizcocho que haría de base para la tarta se encontraba en el horno mientras que la lasaña estaba siendo preparada. Cuando el bizcocho terminó, pusimos en su lugar el plato de pasta y lo dejamos haciéndose, encargándonos ahora de decorar el bizcocho.

Esa fue una parte divertida. Joel empezó a batir la nata para que se montase mientras yo preparaba la mermelada de fresa y las fresas para decorarla. Joel al principio dio demasiada potencia a la batidora y salpicó por toda la cocina, dejándonos con una cara de tontos y con salpicaduras de nata líquida en el rostro. Ante aquello, empecé a reírme, y el lobo me siguió poco después. Tomé un poco de nata que se derramó en la encimera y se la restregué a Joel en la cara a modo de juego, a lo que Joel respondió de la misma forma.

Tras reírnos y limpiarnos a nosotros y a la cocina, terminamos de montar la nata y dejamos preparada la tarta de fresa, dejándola en la nevera para después de comer. Mientras terminaba de hacerse la lasaña, la cual ya me estaba haciendo salivar, pusimos la mesa. Nos derrumbamos en el sofá tras acabar de colocar todo, suspirando agotados pero satisfechos.

-Joder, hacia tiempo que no me lo pasaba tan bien cocinando- sonrió Joel.

-¿No haces mucho esto?- pregunté con curiosidad.

-A veces, y solo con mi familia- me respondió el lobo, meneando su cola-. Pero nunca hice esto con un amigo. Se siente diferente.

-Yo la verdad es que nunca había cocinado con nadie más que con mi padre- recordé-. Así que definitivamente me gustaría repetir esto algún día.

-Puedes contar conmigo para ello, entonces- asintió Joel.

-¡Genial!- exclamé contento, meneando mi cola también.

El horno emitió un pitido, indicando que la lasaña estaba lista. La sacamos del horno y la servimos, notando como el lugar se llenaba de un agradable olor a setas. Tras olisquear un poco, ambos empezamos a babear, no pudiendo aguantar más y tomando un pedazo cada uno, metiéndolo en nuestras bocas y saboreando satisfechos la labor de nuestro trabajo en los fogones mientras nuestras colas se meneaban contentas.

Mientras comíamos, Joel me contaba acerca de cosas sobre su último año de máster. Hablaba sobre las prácticas, el trabajo que tenía pensado presentar a evaluación, sus prácticas externas, todo lo nuevo que aprendía... y yo le escuchaba fascinado. No solo por lo que me contaba, sino por la manera en la que lo contaba. Siempre con una sonrisa en su rostro y con su cola meneando, movía su tenedor en el aire mientras contaba cosas antes de tomar otro trozo de lasaña y llevárselo a la boca.

Yo también aprovechaba para contarle sobre mi día. Le hablaba de lo que dibujaba, de las cosas nuevas que aprendía, de aquel jefe que me había costado tanto derrotar, de las cosas que necesitaba preguntarle porque no las entendía... y él se callaba y me escuchaba atento, sin dejar de sonreír y menear la cola. Y eso hacía que mi rostro sonriera y mi cola se moviera frenética.

Tras la lasaña, pasamos a la tarta a modo de postre. Y como si se tratase de una poción de curación instantánea, la regla se sentía mucho menos dolorosa de lo que había sentido en las últimas horas. Tras terminar con la tarta, decidimos colocar todo en su sitio y empezar a ver una película. Joel eligió una del Viejo Oeste, a lo que yo no estaba muy seguro. Él dijo que la había elegido por probar, por lo que decidí intentar verla yo también.

Sin embargo, la película no me estaba llamando nada la atención. Me sentía aburrido después de 20 minutos, a lo que empecé a notar como un sopor empezaba a invadir mi cuerpo. Mientras mis ojos se cerraban poco a poco, mi cabeza iba ladeándose hacia Joel, acabando por chocar con su hombro. Al notarlo, me alejé avergonzado, empezando a disculparme.

-Lo siento, lo siento, lo siento.

-Ey, tranquilo- rio con suavidad Joel-. Parece que no te está gustando demasiado la peli.

-No mucho- dije, a lo cual di un bostezo.

-No te preocupes, tenemos muchas opciones- sonrió el lobo.

-¿Seguro no te importa?- pregunté, rascando mi mejilla-. Tú parecías tener muchas ganas de verla.

-Sí, pero no quiero que tú te aburras tampoco- Joel guiñó un ojo, a lo que yo me sonrojé.

-G-Gracias.

Pasamos el resto de la tarde cambiando entre ver películas o series y jugar videojuegos, además de ponernos a charlar de cualquier tema que surgía en nuestras cabezas. Recordé cuando estaba yo por mi cuenta, jugando solo en casa o dibujando, pensando cuando podría salir y conocer gente. Ahora que había salido, estaba haciendo justo eso, con la diferencia de que ahora conocía la razón del porqué acerca de mis padres encerrándome en casa.

Sin embargo, el miedo y la incertidumbre se desvanecían cuando Joel estaba a mi lado. Mis padres tenían razón: estaba enamorado de él. Locamente enamorado. Pero aún era algo pronto para siquiera plantearle salir, así que decidí que por ese día, estar con él de esta forma era suficiente. Sobre todo, sabiendo que no había problema en que me acurrucase cerca de él. Quizá aquello era un indicativo de la otra cosa que dijeron mis padres, que a Joel también se le notaba lo enamorado.

Solo pensar en hacer cualquier cosa con él me hace feliz. Y teniendo en cuenta lo que yo era, quería tenerle a mi lado como apoyo, como compañero, como amigo... y como una persona amada.