Vidas entrelazadas 15 (Marcus-III)

Story by nadie on SoFurry

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23/12/3843 (sábado)

Por fin era sábado. Rápidamente se levantó, despertó con cuidado a su Kevin y ambos se vistieron y se prepararon para marcharse con el resto del grupo. Algunos de sus compañeros se había ido abajo hacía un rato, aunque Dean se había esperado y le había despertado para que no llegara tarde, lamiéndole en una oreja (suponía y esperaba que no lo hubiese hecho a la vista de algún compañero...). Cuando ya lo tuvieron todo, bajaron abajo y empezaron a desayunar con el resto de sus compañeros.

Al cabo de un rato, un murmullo comenzó a extenderse entre los profesores, y después entre los alumnos. Nadie sabía exactamente lo que pasaba, y cada uno tenía sus propias ideas de lo que podía estar ocurriendo. Al parecer, dos de los profesores habían desaparecido. Patricia, y un tal Alex, que realmente no era ningún profesor, pero que había estado sustituyendo a Leonard varios días, por no-sabía-qué. Seguramente fuera alguna sorpresa, o algo preparado para las actividades del día que no querían que viesen, y la gente simplemente se estuviera inventando cosas.

Entonces Frank se acercó a ellos desde la mesa en la que estaba sentado. Parecía preocupado, o nervioso. Marcus no sabría decir cuál de las dos cosas, pero estaba como intentando mantener una imagen calmada.

-Marcus... ¿Puedes venir un momento, por favor?

-¿Puedo ir yo también?

-No, Kevin. Tú quédate aquí y termina de desayunar, ¿vale?

-Jooo... Vaaale...

-Vamos, Marcus...

Sin decirle nada más, el cerdo le puso una mano sobre un hombro y le condujo hasta las escaleras, fuera del comedor. Luego se paró un instante, y enseguida continuaron. Cada vez Frank parecía más serio, Marcus estaba empezando a preocuparse. ¿Qué estaba pasando? ¿Por qué no le decía nada? En cuanto llegaron al piso donde se encontraban las habitaciones de los profesores, Marcus pudo ver a Leonard y a los otros dos koalas que había visto varias veces en la cocina (y que debían ser los cocineros). Todos ellos parecían tan preocupados como Frank. Leonard parecía encontrarse incluso mal, como si acabara de vomitar, y su cara tenía una tonalidad verdosa que no había visto nunca.

En cuanto vio a Marcus, Leonard se acercó a él y le puso una mano en el hombro.

-Frank, por favor... Vigila que no se acerque nadie...

-Sí...

-Marcus... No sé cómo decir esto...

-¿Qué ha pasado?

Leonard suspiró y apartó la mirada, y el koala más joven de los tres, que a juzgar por su aspecto podría perfectamente ser hijo de cualquiera de los otros dos, se adelantó un poco. Sin apartar la vista de Marcus, sacó un sobre y se lo dio.

-Esto es de tu padre... Va dirigido a ti. Lo siento...

¿Un sobre? ¿De su padre? ¿Acaso ya no iba a hablarle en persona, y estaba usando a sus compañeros para darle mensajes por escrito? Quizás hubieran leído lo que ponía, y si su padre mencionaba en aquella nota lo que le había estado haciendo... Todas aquellas caras de preocupación, e incluso de asco, tenían sentido... ¿Qué clase de padre mandaba enviar a su hijo una nota así, a cualquiera que podía leerla?

-¿Una nota? ¿Qué significa esto? Si quiere decirme algo, que lo haga en persona.

-Marcus, no...

-Estoy harto... Quiere hablar, ¿no? ¡Pues vamos a hablar!

Sin pararse a pensar, Marcus se lanzó contra la puerta de la habitación de su padre, a apenas una par de metros de donde estaban, la abrió ignorando que la llave estuviera echada (rompiendo, por consiguiente, el marco de la puerta) y entró en el cuarto sin que ninguno de los koalas le pudiera detener a tiempo.

-¡Marcus, no!

En cuanto sus ojos se ajustaron a la iluminación de la habitación, levantó la vista y miró a los ojos a su padre. No había furia, no había miedo, no había tristeza... No había nada. Sólo el reflejo de su hijo. Pero no había absolutamente nada más detrás de aquellas dos pupilas. Sólo el deprimente, frío y gris brillo apagado de la muerte. Goert no le iba a devolver jamás una mirada más, no le golpearía ni le humillaría. No abusaría de él ni le utilizaría nunca más como a un juguete.

Tras una fina máscara de alivio, tras un frágil velo de felicidad y de paz momentánea, de saber que por fin era "libre", Marcus volvió a encontrar sus verdaderos sentimientos donde los había dejado. Desempolvó el viejo álbum de fotos de su mente, donde su padre jugaba con él en el parque, donde cada tarde salía con él del colegio y le enseñaba algo nuevo, algo que no estaba en ningún libro. Aquello que le había convertido en quien era.

En aquel álbum de fotos estaba él, sonriendo, feliz porque estaba con su padre y sabía que le quería, y soñaba que siempre estarían juntos. En aquellas fotos, su padre había grabado las imágenes que nunca podría borrar de él, su verdadera esencia. Durante los últimos seis años, Marcus había enterrado aquellas "fotos" en su mente. Hacía seis años, su padre se había convertido en un extraño, y ese extraño era el que tanto le había hecho sufrir.

Pero ahora quien había ante él no era ningún extraño. Allí estaba su padre, con dos surcos de lágrimas descendiendo por sus mejillas, ya secos. Con los brazos a los lados del cuerpo. Con la mirada tan muerta como su cuerpo, colgado del techo con una cuerda. Pero en su rostro había paz. Tristeza, dolor, arrepentimiento... Y aún así, paz.

No era paz lo que había en el rostro de su hijo, ni en su mente ni en su corazón. Tantos días y tantas noches había deseado que su padre les dejara en paz, y poder estar con su hermano... Sólo con su hermano, sin que su padre le amargara la vida como lo había hecho casi la mitad de su vida. Y ahora deseaba que no se hubiera ido. No de aquel modo. No de una forma tan drástica, sin posibilidad de volver atrás.

Quizás su padre había querido realmente volver a tratarle como a un hijo. Quizás sus palabras los últimos días, lejos de lo que le había estado mostrando en su cara, realmente tenían el significado que Marcus no había sabido ver. Y si era así, él se había negado a escucharle. Se había negado a creer en su padre y le había alejado de él. Quizás, si le hubiera escuchado, y si hubiera sabido lo que su padre realmente sentía... Sólo quizás, si no se hubiera negado a ver el cambio en su padre, Goert seguiría vivo en ese momento.

Sólo una hora después, cuando aquella imagen abandonó sus retinas, cuando le llevaron a su cuarto y cuando se sintió capaz de leer la palabras escritas en el papel dentro de aquel sobre, comprendió el dolor que había sentido su padre poco antes de abandonarles para siempre. En letra temblorosa, sobre un papel marcado por lágrimas ya secas, su padre le pedía perdón a él, y a Kevin, por todo lo que le había hecho a Marcus, y por lo que su suicidio supondría en la vida de los dos hermanos. Por primera vez en muchos años, Marcus fue capaz de ver a su padre de nuevo entre aquellas palabras, en cada punto y cada coma, en el trazo de cada letra y en los sentimientos que aquel delgado y frágil papel trataba de transmitir.

Aquellas eran las últimas palabras que jamás podría recibir de su padre, la prueba de que había vuelto en algún momento a ser aquel a quien Marcus había enterrado en su memoria, y también la causa de un dolor que Marcus jamás antes había sentido, incluso mayor que el que sintió tras recibir la noticia de la muerte de su madre, porque esta vez sabía, o al menos creía con todo su corazón, que aquello había sido culpa suya.

En cuanto al rumor de los dos desaparecidos, aunque no le dio demasiada importancia, al menos en comparación con lo de su padre, parecía que era cierto. El tal Alex y la profesora de matemáticas, Patricia, no dieron muestras de regresar, y tras algunas investigaciones de la policía sobre esta desaparición y la muerte de Goert, todos pudieron volver a sus respectivas casas.

30/12/3843 (sábado)

Cuando por fin terminó el funeral, pasado el mediodía, Marcus trató de coger de la mano a Kevin para volver a "casa", pero su hermano pequeño ya no quería dársela. No desde que recibió la noticia. No desde que supo que su padre no volvería jamás, y que Marcus no había hecho nada para evitarlo. Porque él podía haberlo evitado. Sólo tenía que curarle, igual que curaba sus heridas. Kevin no quería creer que su padre hubiera muerto, y no quería creer que su hermano no lo hubiera podido evitar. No atendía a razones. Marcus tampoco esperaba que lo hiciese... Sólo quedaba ver qué pasaría con ellos, ahora que no tenían ni padre ni madre, y que aún eran menores de edad.

La mayoría de profesores del colegio habían acudido a despedir a su compañero, y también Dean, Tony, Héctor, Tom y Jir habían ido para acompañar a Marcus, aunque Andrew se había quedado en su casa. Sólo era un niño... No estaría bien llevarle a un entierro. El sol brillaba en lo alto. No siempre llueve en los entierros, ¿no? El rostro de Marcus se había vuelto frío y triste de nuevo. No iba a cambiar tan fácilmente, y aunque su repentino noviazgo con Dean, si se podía llamar así a aquella relación, le había animado un poco al principio, la muerte de su padre le había vuelto más "cerrado" incluso que antes.

De nuevo, trató de coger la mano de su hermano, pero Kevin se negó y le dio un puñetazo en el estómago.

-¡Déjame! ¡He venido por papá, no por ti! ¡¿Por qué no has hecho nada por él?! ¡¿Por qué no le curaste?! ¡Te odio! ¡No quiero ser tu hermano nunca más!

Marcus se quedó allí, quieto, sin decir nada, mirando al suelo, mientras su hermano se iba llorando tan rápido como sus pies le permitían. No tardó en chocar contra alguien y caer al suelo. Tampoco iría muy lejos. Desde que su padre murió, los padres de Tony se habían ofrecido a tenerles en su casa hasta que se arreglase todo y tuvieran a donde ir, así que tarde o temprano volverían a estar juntos, y Marcus estaba demasiado cansado como para pelearse con su hermano.

El camino hasta la casa de Tony fue tan animado como lo habían sido los últimos días. Marcus se mostraba demasiado reacio con cualquier persona en general como para que los intentos de sus amigos, profesores o conocidos en su conjunto por animarle sirvieran para algo. Quería estar solo. Quería que la tierra le tragara y desaparecer de una maldita vez, si con ello conseguía estar solo. De hecho, ya lo había intentado, pero sus "poderes" no parecían funcionar. No podía cerrar las heridas que su hermano le hacía cuando estaba furioso, y no podía hacer que la tierra se moviera a su antojo como antes.

No podía hacer nada. Se sentía impotente. Estaba completamente a merced de unas leyes que no conocía, en un mundo del que cada vez comprendía menos cosas. Si su suerte no cambiaba, seguramente acabaría en la calle, o quizás descuartizado en la casa de algún loco que les adoptase. En cuanto llegaron a casa de Tony, se metió en la que de momento llamaba su habitación, se tapó bajo las mantas de la que ahora llamaba su cama y cerró los ojos, sabiendo que no conseguiría dormirse. Estaba cansado... Muy cansado... Y no tenía ganas de nada. Así había pasado la última semana, y si nadie se lo impedía así pasaría el tiempo que considerase oportuno.

3/1/3844 (miércoles)

Por fin, para bien o para mal, Marcus y Kevin "volvían a tener padre". No era su verdadero padre, y de momento Marcus tenía serias dudas de que le fuese a aceptar como tal. Aquella tarde se lo presentarían. Según parecía, el mamut (porque también era un mamut) estaba interesado en ellos, porque se hacía mayor y tal, no tenía pareja y quería tener a alguien a quien ceder su fortuna, que fuera sano, inteligente y con altas posibilidades de tener una vida larga y productiva.

Kevin parecía algo más contento por la noticia que su hermano mayor. Volvían a tener una casa (una donde no se sintieran mal), y su padre no volvería, así que al menos ahora tenían la seguridad de una casa, dinero y... bueno... lo demás estaba por ver... Además, habían pasado a formar parte de una nueva familia mucho antes de lo que esperaban (no hacía ni dos semanas que habían perdido a su padre, y ya tenían otro que, aunque nunca podría sustituir al anterior, al menos parecía dispuesto a cuidarles, y eso era algo que muchos huérfanos podían esperar durante años sin llegar a conseguirlo).

Dean decidió acompañarle a conocer a su "nuevo padre". La mayoría de sus amigos estaba celebrando el inicio de año por tercer día consecutivo con sus respectivas familias. Había demasiado ajetreo, por unas causas u otras, y no pudieron ir a acompañarle. El tigre, sin embargo, sobretodo por el carácter de su padre, no tuvo ningún problema en hacerle compañía. También Andrew fue con ellos, y Leonard les llevó en su coche (al ser su tutor del colegio y compañero de su padre cuando aún vivía, sentía cierta obligación), en parte contento por ver lo bien que se llevaban ahora Marcus y Dean, pero sobre todo triste por las causas por las que ahora les acompañaba y por ver que el estado de ánimo de Marcus no parecía mejorar.

Por fin, a las 17:00, llegaron a la casa del que sería su padre adoptivo. Leonard, Dean y Andrew se quedaron fuera y les desearon suerte antes de marcharse. Tampoco tenía mucho sentido... Lo que tuviera que pasar, pasaría. Además, Marcus no estaba de humor, con un papanatas que ni siquiera iba a recogerles, y además vivía en una casa en la que podrían vivir quince familias... Seguramente sería un ricachón (rico era a la fuerza...) que no levantaba el culo del sofá ni para ir al baño, con criados hasta para rascarse el trasero y con aires de superioridad capaces de poner de los nervios hasta a una insensible, fría e inanimada máquina.

Después de que les enseñaran sus habitaciones, donde dejaron sus pertenencias (aún faltaban unas cuantas, pero eso tampoco era problema... A otro rato se las llevarían), el dueño de la casa y padre adoptivo de Marcus y Kevin se dignó a hacer su aparición. Y realmente... no era lo que Marcus se esperaba...

Una de las puertas de la habitación en la que se encontraban (¡Agh! ¡Demasiadas puertas!) se abrió de golpe, y el mamut apareció... con apenas unos calzones puestos, un trozo de gofre con chocolate en la boca (o al menos eso esperaba Marcus que fuera), y unas pesas en cada mano (a juzgar por el tamaño, debían de pesar mucho...). Rápidamente se tragó el gofre y les saludó con una de las manos. Al hacerlo, dejó caer una de las pesas sobre una mesita junto a la puerta que acababa de abrir, seguramente, de una patada, y el "pequeño" mueble acabó hecho pedazos en el suelo. ¿Cuánto pesaban esas cosas para romper una mesa así?

Sus ojos eran castaños, y tenía una gran melena que llegaba casi hasta la mitad de su espalda. Sus colmillos parecían haber sido recortados y pulidos, y mostraban un blanco puro difícil de igualar. Debía medir unos 4 m de altura, y si querías dar alguna clase de anatomía, podías trazar todos sus músculos sin problemas, o las venas que se marcaban cada vez que andaba. Marcus se apresuró a taparle los ojos a su hermano. Por una de las mangas del calzón... Dejémoslo en que aquella prenda no estaba haciendo bien su papel... habría necesitado unos pantalones bien holgados y ropa interior que sujetara bien para que aquello no fuera tan grotesco, y aún así seguramente seguiría notándose.

Un par de criados se apresuraron a encargarse de arreglar aquel estropicio, y en cuanto vio que se le acercaban el mamut le dio las pesas que aún tenía cogidas, con lo que el mayordomo cayó al suelo, tratando se sujetar aquello (¡¿Cuánto pesaban esas cosas?!).

-¡Buenas tardes! ¡Tenía ganas de que llegarais! Sé que no estáis de humor, así que intentaré ser lo más agradable posible, pero espero que pongáis de vuestra parte y que pronto seamos un bonita familia. ¿De acuerdo?

Marcus le miró directamente a los ojos. No parecían los de alguien que miraba a los demás por encima del hombro. Su postura, sin embargo, era tan impecable como la del que más, con la espalda bien recta y sacando pecho (aunque seguramente a eso ayudaba la musculatura). Lo de que se le saliera "eso" por debajo de los calzones no ayudaba demasiado con la imagen... Y con todo ello, no parecía tan mayor. No era un viejo, ni nada de eso, y parecía bastante más joven de lo que había sido Goert.

-No parece muy mayor.

-Je, je... Eso espero. Tengo 35 años.

-Dijeron que era mayor...

-No... Yo dije que me estaba haciendo mayor... Lo que pasa es que la gente entiende lo que quiere... Me llamo Reuel, por cierto. Supongo que tú eres Marcus, y el es Kevin, ¿me equivoco? ... ¿Por qué le tapas los ojos?

Marcus le lanzó de nuevo una mirada, y bajó la vista hacia sus calzones, indicándole el problema.

-¡Oh! ¿Esto? Lo siento... Tengo problemas a veces por este tipo de cosas... Ya me entiendes... Pasa con frecuencia. Espero que no te moleste demasiado... Intentaré arreglarlo.

-Gracias...

-No es nada... Deberíais daros un baño... Oléis a granja. No es que me moleste, pero... Ya sabes... Y ya sé que yo también necesito una ducha. Pero tranquilo, que me espero a que acabéis. No pienses que pretendo hacer nada de eso con vosotros... A menos que queráis que vaya con vosotros, claro...

Marcus soltó a su hermano, que rápidamente se apartó de él, aparentemente molesto. ¿A qué había venido aquel comentario?

-Los baños están en el primer piso. Vuestros cuartos... Ya los habéis visto, ¿no? Si no os gusta algo sólo me lo tenéis que decir y se cambiará. Tenéis un gimnasio privado, una piscina, vestuarios y todas esas cosas en el primer piso... Yo me paso allí casi todo el día, por si os interesa, aunque lógicamente tendré que cambiar ese hábito si no os hace ilusión estar por allí... Bueno... ya os iré enseñando la casa cuando estéis un poco más relajados... Espero que podamos llevarnos bien... Haré todo lo que esté en mi mano para que eso ocurra y... bueno... no se me dan bien las presentaciones... ¿Os apetece hacer algo en particular? Ir a dar una vuelta y hablar un rato... No lo sé...

Marcus no dejaba de observarle fijamente, no tan directamente como antes, pero no por ello de un modo menos examinador. ¿Ese iba a ser su padre adoptivo? Antes de que siguiera con su "examen", que estaba predispuesto a suspender y con muy mala nota, Kevin respondió a Reuel.

-Yo quiero ir al parque. Hace tiempo que no salimos...

-¡Perfecto! ¿Y tú, Marcus?

-......... Preferiría quedarme aquí y conocer la casa. No me apetece pasear...

-.... Mmmm... Supongo que no te voy a convencer de lo contrario...

-No.

-Está bien... Pues Kevin y yo nos iremos a dar una vuelta... Ya que te quedas pégate una ducha, y así cuando volvamos sólo quedaremos dos por dárnosla...

-... Me voy a mi cuarto...

-Bien... Emm... Hasta luego entonces...

Los pocos segundos que se quedaron mirándose, cualquiera que hubiera pasado por allí habría notado la tensión sin ningún problema. Al final, Kevin se fue con Reuel y Marcus se quedó solo, así que se marchó a la que desde entonces sería su habitación y se tumbó en la cama, a proseguir con su política de mínimo movimiento y mínima relación con el exterior, olvidándose por completo de la ducha que Reuel se había atrevido a sugerirle. Se ducharía cuando quisiera... Reuel no era su padre, y nunca lo iba a ser.

Un par de horas después, Reuel y Kevin volvieron. Kevin parecía de mejor humor, y Reuel... bueno... No le conocía, pero le seguía cayendo mal. Marcus siguió tumbado en la cama en la que tendría que dormir de ese día en adelante hasta que los otros dos mamuts fueron al comedor y un criado le informó de que la cena ya estaba preparada. No pensaba ir a cenar. No tenía hambre, y si Reuel quería que fuese con ellos que fuera a decírselo personalmente.

Para su sorpresa, apenas un par de minutos después alguien llamó a la puerta de su habitación. Sin esperar a que contestara, la puerta se abrió y entró el mamut.

-Marcus... ¿no quieres venir a cenar?

-Déjame en paz. Quiero estar solo.

-... Mira, Marcus, yo... Entiendo que no me aceptes como a tu padre. No pretendo ser quien era Goert, pero debes entender...

-Déjame en paz...

-... Deberías comer algo...

-No tengo hambre.

-... Está bien. Haz lo que quieras. Sólo intento ayudaros a ti y a tu hermano. Si no quieres mi ayuda, adelante. Haz lo que quieras. Pero quedándote ahí todo el día, sin comer y sin hablar con nadie, no va a cambiar nada. Estaré en el comedor con tu hermano. Buenas noches.

Reuel se marchó de allí rápidamente, y el portazo que dio, muy probablemente, se había podido escuchar en toda la casa. ¿Qué derecho tenía Reuel a enfadarse de aquella manera? Era él quién estaba sufriendo. Era él quien había perdido a su padre, y a quien odiaba su hermano. Había pasado seis años callado para proteger a su hermano, y al final Kevin le odiaba. ¿No tenía el más derecho a quejarse? ¿No era él, acaso, quien peor lo estaba pasando? Nadie le entendía... Nadie comprendía qué era lo que le ocurría, o qué era lo que pasaba por su cabeza. No iba a consentir que un completo desconocido le hablara como si se conocieran de toda la vida.

Una hora después, oyó los pasos de los otros dos mamuts acercándose, y entrando en la habitación de Kevin.

-Buenas noches, Kevin.

-Buenas noches.

-¿Quieres que te cuente un cuento para que te puedas dormir mejor?

-¡Vale!

-Je, je... Muy bien... Pero antes, voy a darle las buenas noches a Marcus, ¿vale?

-Vaaale...

-Enseguida vuelvo.

Los pasos de Reuel se fueron acercando, y al final la puerta del cuarto de Marcus se abrió. Marcus, por su parte, fingió estar dormido. No tenía ganas de hablar con él, y menos después de las últimas palabras que habían tenido.

Reuel se sentó sobre el borde de la cama con cuidado, aunque desequilibrando ligeramente a Marcus, que tuvo que recolocarse discretamente. Luego, pasó la mano por la mejilla del híbrido, acariciándole con cuidado.

-Buenas noches... Espero que mañana podamos hablar más tranquilamente.

Después, el mamut se apartó y salió silenciosamente de la habitación, fue al cuarto de Kevin y comenzó su relato. Aunque le costaba admitirlo, Marcus agradeció que lo hiciera hablando en voz lo bastante alta como para poder escucharlo también él, aunque no estaba seguro de que fuera una casualidad. Aquella noche, Marcus logró dormir un poco mejor que otras veces.

4/1/3844 (jueves)

Abrió los ojos y se despertó de un salto. El rostro de su padre no le abandonaba ni siquiera para dejarle dormir. Estaba empapado en su propio sudor, y tenía los ojos llorosos. Estaba temblando y, a pesar de la calefacción y de ir cubierto hasta el cuello con mantas, sentía un frío horrible que le calaba hasta los huesos. Al menos, había podido dormir unas cuantas horas antes de que aquella imagen le despertara.

Se levantó y se dispuso a ir al baño. Sin embargo, poco acostumbrado a aquella casa, entró accidentalmente en el cuarto de Reuel. El mamut se estaba acabando de quitar el pijama para ponerse la ropa de aquel día cuando Marcus entró, y el híbrido se dio la mayor prisa posible, en cuanto se percató, por salir y dirigirse hacia el baño. Apenas unos segundos después de volver al pasillo, Reuel salió y fue con él.

-¿Querías algo?

-No... Estaba buscando el baño...

-¡Oh! Tienes uno privado en tu cuarto. De todas formas, si quieres vente a este de aquí al lado...

Mientras hablaba, Reuel abrió una de las puertas junto a las cuales estaban pasando.

-... y haces lo que quieras mientras me pulo un poco los colmillos. ¿Estás bien? Te veo un poco pálido.

-No es nada.

-Bien. Si quieres hablar de algo, de todas formas...

-No, gracias. Creo que mejor utilizaré mi propio baño...

Sin decir nada más, Marcus volvió a su habitación, entró en el baño que antes había ignorado y se lavó la cara, aunque no sin antes cerrar la puerta. Seguía sintiéndose cansado. Llevaba casi un día sin comer, y los días que había tomado algo había sido bastante poco, y aún menos si se tenía en cuenta su tamaño. Odiaba tener que salir de su cuarto y encontrarse con aquel "pseudo- padre" de nuevo, pero necesitaba comer algo. Al cabo de un par de minutos, finalmente se decidió a ir al comedor.

Cuando llegó, vio que además de la enorme mesa para vete-tú-a-saber-cuántos invitados, que habían apartado a un lado, en medio de la habitación había una mesa más pequeña, donde estaban Reuel y Kevin, de espaldas a él, susurrándose mutuamente, como ocultándole algo.

En cuanto se acercó, llevado en parte por la curiosidad, y en parte por el olor a comida, proveniente de esa misma mesa, los dos mamuts se apartaron, y Marcus vio detrás de su hermano pequeño una bandeja con un par de platos. En uno, había varias tostadas con mermelada de melocotón y un par de peras (Marcus habría reconocido aquel olor en cualquier parte) y el la otra había una taza con leche, con un frasco con miel al lado. Aquel era su desayuno favorito, y hacía mucho que no lo probaba. Además, por el aspecto que tenía todo, y por las manchas que tenía Kevin en las manos, la cara y la camiseta, quedaba claro quién lo había preparado.

-¡Tete, tete! Lo he hecho yo solito... Bueno... Él me ha ayudado un poquito porque no podía abrir los botes... ¡Pero lo demás lo he hecho yo!

Marcus le miró, en parte asombrado, y luego miró a Reuel, que estaba mirando hacia otro lado, como si no tuviera nada que ver, aunque era bastante obvio que le observaba de reojo. Luego volvió a mirar a Kevin, que le sonreía con expectación, esperando ver su reacción con la mejor sonrisa que pudo darle y frotándose las manos contra la camiseta para acabar de limpiárselas.

El híbrido observó a su hermano durante unos segundos, sin saber lo que debía decir, o hacer. Kevin empezó a ponerse nervioso, y le temblaba la mirada. De pronto, el "pequeño" mamut se lanzó hacia él y le abrazó, como a punto de llorar.

-Por favor, no estés triste... Ya no estoy enfadado, de verdad... Nuestro nuevo papá me lo ha contado... Ya sé que no es tu culpa. Porfiii... ¿Me perdonas?

Por unos instantes, Marcus se quedó paralizado. En cuanto volvió en sí, le devolvió el abrazo a su hermano.

-No hay nada que perdonar, Kevin...

Marcus se separó ligeramente de su hermano para poder mirarle a la cara, y el mamut le devolvió la mirada. Kevin estaba llorando.

-Ey, ey... No llores, anda. No pasa nada... Ya estoy bien, ¿ves?

-Te quiero mucho, tete... <snif, snif> No quería que te pusieras triste... Lo siento...

-Si ya te he dicho que no pasa nada... Deja de llorar, anda, que a mí tampoco me gusta verte triste... Mira, vamos a hacer una cosa... Si dejas de llorar, juntamos nuestros cuartos, o movemos o una de las camas o algo, y así compartimos la habitación, ¿vale?

-<Snif, snif>... ¿De verdad?... <snif>... ¿Y dormiremos juntos?

-Claro... Pero no te quiero ver triste, ¿eh? Que me pongo a llorar yo también...

En apenas unos instantes, Kevin se tranquilizó, ayudado en parte por aquel comentario y en parte por la mano de su hermano acariciando su mejilla. Entonces, esta vez con una sinceridad indudable, le dedicó su mejor sonrisa y le abrazó de nuevo con más fuerza que antes.

-Venga, que hay que desayunar... Seguro que esta todo riquísimo...

El resto de la mañana transcurrió con la normalidad que Marcus había echado tanto en falta, con Kevin de nuevo queriéndole como antes, y con algo más de ganas por conocer a Reuel y darle una oportunidad. Después de la comida, Kevin decidió darse un buen baño en la piscina, en parte animado por Reuel. Marcus aprovechó ese tiempo, mientras veía a su hermano bañarse, para hablar con su padre adoptivo. Sin embargo, antes de que llegase a abrir la boca fue el mamut el que dio comienzo a la conversación.

-Ayer tu hermano me contó muchas cosas sobre ti, y me dijo que te odiaba. Bueno, ya sabes cómo son los niños pequeños... No dicen estas cosas en serio... Decía que tendrías que haber salvado a vuestro padre con tu "poder", y todo eso...

-¡¿Qué te ha dicho de eso?!

-Tranquilo, tranquilo... No hay por qué alarmarse. Dice que puedes manipular la tierra y curar heridas... Pero que no curaste a tu padre, y por eso está muerto.

-.........

-No me mires así... Yo sólo te digo lo que me contó ayer tu hermano... Además, sé que no es verdad. No hay ninguna manera de que tú tuvieras un "poder" así.

-......

-Comprendo que estés asustado. Ese tipo de información podría atraer a gente... poco conveniente... Además, ya te han dicho que seas discreto, si no recuerdo mal. ¿Me equivoco?

Marcus le miró realmente asustado esta vez. ¿Qué relación tenía Reuel con aquel tipo? ¿Qué querían de él?

-¿Qué tienes tú que ver...?

-¿Con Ismael? Nos conocemos... Es un maldito pervertido, entre otras cosas... Pero no estaría bien que fuera por ahí insultándole, ¿sabes lo que te digo? Así que dejémoslo en "¿Qué relación tengo con todo esto?"... Digamos que tienes algo que yo "fabriqué". Sabes a lo que me refiero, ¿verdad? Lo llevas encima ahora mismo. Según tengo entendido, te dijeron que potenciaba tu poder, aunque... Eso no sólo es impreciso, sino que además es erróneo. Déjame explicarme...

-¿Qué queréis de mí?

-Ay... Ya te lo dijeron, ¿no? Sólo queremos que te hagas mayor, al menos de momento. En tu situación actual no nos sirves para nada. De hecho, si somos más estrictos conceptualmente, no planteas ninguna ventaja que ahora mismo sea de nuestro interés. Básicamente te estamos mimando y cuidando para nada. Simplemente, nos interesa que seáis nuestro "aliados" en el futuro, y queremos asegurarnos de que tengáis un "futuro", porque si no, nunca podréis ser nuestros aliados.

-¿Aliados para qué? ¿Mi hermano también? ¿Qué tiene él que ver en esto?

-A la primera pregunta me temo que no te voy a poder responder, aunque sé que te interesa, así que sólo te diré que si al final os convertís en nuestros "aliados", podrás comprender por qué tu padre ha hecho lo que ha hecho todos estos años, y por qué a acabado bajo tierra. Sobre tu hermano... Me temo que tiene demasiado que ver, al menos con tu "poder".

-¿Qué has querido decir con lo de mi padre? ¿Significa eso que todo esto ya... lo sabíais? Tú y... Quien quiera que sean los demás... ¿Lo sabíais todo?

-... Sí. No podemos hacer nada contra eso... Si no, lo habríamos hecho. Precisamente por eso buscamos "aliados". Tú, tu hermano, tus padres... No sois las únicas víctimas.

-¿Cómo sé que puedo confiar en ti?

-No puedes saberlo. No tengo ninguna prueba que ofrecerte. Sólo mi conocimiento sobre ti y tu hermano, y la esperanza de que me des una oportunidad. Sobre tu "poder"... Tu hermano es la fuente, básicamente... Supongo que Ismael diría algo así como que tu poder "es un poder hermoso", o algo por el estilo... Claro que eso para ti no es nada relevante... El caso es que nadie puede, por sí sólo, controlar la tierra. Tú eres quien "moldea" ese "poder", pero quien es capaz de hacer que "fluya", ese es tu hermano. Vuestro poder se basa en el amor mutuo, por muy cutre que pueda parecerte. Si él no te quiere, o no está seguro de lo que siente por ti, tú no puedes "moldear" nada, porque él no te dará la "materia prima", por decirlo de alguna manera... No sabría explicarlo exactamente, porque yo no tengo un "poder" de ese tipo... Tú ya me entiendes... Y bueno, si por lo que fuera tú llegases a rechazar de alguna manera a tu hermano, tampoco podrías controlar la tierra. ¡Ah! Muy importante... Aunque utilices este poder para cerrar heridas, sólo puedes curar las tuyas o las de tu hermano... Si hicieses eso con otro le harías daño, o incluso lo matarías, así que ten cuidado.

-¿Tú también tienes "poderes"?

-Sí... Bueno... No todo el mundo considera que tenga ningún "poder", estrictamente hablando, aunque puedo hacer cosas que la gente normal no puede hacer, sí. No me parecería bien que no te contase lo que puedo hacer, puesto que sé mucho sobre ti, y además me gustaría que nos lleváramos bien... Mi "habilidad" consiste básicamente en actuar como una especie de "catalizador", por decirlo de alguna manera... ¿Sabes lo que es un catalizador?

-Sí... En ciencias hemos estudiado que son sustancias que aceleran una reacción química, o aumentar la cantidad de producto obtenido...

-Más o menos, sí... En realidad, un catalizador, a grandes rasgos, se puede utilizar para eso, o bien para que la reacción tomo un "rumbo" concreto deseado... En caso de que pudiera haber varios productos en la reacción, según se siguiese un "camino" u otro. También puede frenar la reacción, no sólo acelerarla... Bueno, pues mi habilidad es algo parecido a eso. Sólo que en mi caso, lo que "acelero" o "potencio" es alguna propiedad de alguien o algo, o sus habilidades, aunque no las físicas. ¿Entiendes? Eso es justamente lo que hace la joya que tienes en tu poder. En tu caso, no se consume. Tiene un uso ilimitado, y aunque yo muriese, seguiría existiendo. Sin embargo, no todas las joyas que puedo fabricar son así. Muchas se acaban "desintegrando" con apenas uno o dos usos, o se "contaminan". Por eso la joya que tienes tú es única y nunca debe caer en manos de alguien indebido. Sólo puedes usarla tú, al menos por ahora, pero no conviene correr riesgos.

-No lo entiendo... ¿Por qué me dais algo tan valioso, cuando apenas nos conocemos? Ya te he dicho que no me fío...

-No, no lo has dicho. Y además, sigues teniendo curiosidad por saber más. Seguirás con nosotros. Te guste o no, es lo que harás, no porque yo te lo ordene, o porque te obliguemos, sino porque simplemente quieres hacerlo.

-¿Cómo estás tan seguro de eso?

-Muy sencillo. Desde que nos sentamos aquí, "activé" mi "poder" para potenciar tus sentimientos hacia mí, tanto de odio como de afecto, y tu curiosidad. No puedo decir que no me odies, pero tu curiosidad, en cualquiera de los casos, es mayor que tu odio. Si no, ya te habrías ido de aquí. Sí, puedo potenciar esas cosas. Llevémonos bien, ¿vale? Ya te dije que sólo quiero ayudaros, y con o sin poderes es lo que voy a hacer. Y si no te fías, siempre puedes hundirme en la tierra y aplastarme como a un gusano. No puedo anular los efectos de esa gema ahora que está en tu poder.

Marcus le miró fijamente, analizándole durante un rato. Después de todo aquello, había algo en el mamut que le hacía sentirse un poco más seguro. En cierto modo, sabía que no le estaba mintiendo, y si llevarse bien con él le iba a ayudar a conocer un poco mejor lo que le había ocurrido a su padre, entonces haría lo posible para llevarse bien con él.

-... Está bien. Supongo que no tengo más remedio que fiarme...

-Bueno... Supongo que eso es lo mejor que podía conseguir... Me alegro de que me des una oportunidad.

Reuel extendió la mano, invitándole a un apretón de manos, seguramente para simbolizar que cerraban el "trato". Marcus dudó unos segundos, aunque tampoco tenía mucho que pensar, y pronto le dio su mano.

-Mañana empezaremos con vuestro entrenamiento. El tuyo, más bien... No importa a quién de los dos entrene primero, y tu hermano aún no está listo.

-¿Entrenamiento? ¿Para qué?

-Para que tu "poder" mejore. Con tu nivel actual, más de la mitad de la energía que usas se pierde de una forma completamente inútil, y te falta práctica. Bastante, además.

-¿Cómo puedes saber eso? Tú no controlas la tierra...

-Lo sé, pero es el "elemento" con el que tengo más afinidad, después de mi propio poder, claro... Además. Mi especialidad es "catalizar". No podría hacerlo si no supiera cómo funciona cada tipo de "poder".

-...... Parece lógico... Está bien...

-Bien. Pues no me queda nada más que decir... Nada con respecto a "eso"... Así que, si no te importa, me gustaría que empezáramos a tratarnos un poco más como padre e hijo, o al menos como conocidos con posibilidad de amistad, si no te importa.

-... Sí...

Antes de que ninguno de los dos dijera nada más, otro mamut entró en la habitación. Lo más sorprendente para Marcus fue el asombroso parecido que tenía con Reuel. De hecho, sólo con verlos podría decirse que eran hermanos gemelos o una terrible causalidad. Rápidamente se dirigió a donde se encontraba Reuel, y miró de reojo a Marcus, pero sin hacerle demasiado caso.

-¿Qué pasa, Saúl? No me gusta que entres en mi casa sin avisar, ya lo sabes.

-Bla, bla, bla... Ya lo sé, ya... Alex e Ismael han intervenido.

-¿Qué? ¿Ismael también?

-Ya sabes cómo es con este tipo de cosas...

-¿Y Alex? Le dijimos que no se metiera en medio...

-Conoces cómo es... No pensarías que no haría nada al respecto, ¿no?

-... ¿No le han podido detener?

-No le han detenido, que no es lo mismo. Si hubieran querido hacerlo, estaría hecho pedazos en estos momentos. Quiero que des tu consentimiento para expulsarle.

-Ya, pero... Prácticamente fue él quien empezó todo esto...

-Eso no le da derecho a hacer lo que le venga en gana, y menos en algo así. Sus sentimientos son completamente antinaturales, y nunca debimos consentirlo.

-Ya... ¿Y qué quieres que haga yo? Después de todo, mamá también...

-Mamá es una excepción, igual que muchos de los tipos con los que estamos haciendo tratos, pero lo nuestro es sólo temporal. No es necesario que haya más excepciones, y Alex se está dejando llevar por sus sentimientos. Dejar que los ponga en práctica sería antinatural y peligroso. Sólo perjudicaría a nuestra empresa, y no toleraré algo así... Da tu consentimiento y se le expulsará. Los demás están de acuerdo con esta decisión.

-¿Todos?

-Los suficientes. Tu voto sólo es necesario para poder asegurar que todos hemos opinado en esto.

-... Está bien. Pero la próxima vez que vengas, llama antes de entrar en mi casa así.

Marcus observó la escena con una mezcla de incomodidad y de desconocimiento. Saúl se giró hacia él, le miró durante unos segundos sin decir nada y luego se marchó tan rápido como había venido.

-Po... ¿Por qué tiene tanta prisa?

-Bah... Siempre está igual... Parece tranquilo, pero luego... en fin, supongo que a mí también me pasa a veces...

-¿De qué estabais hablando?

-Realmente no es algo que necesites saber, al menos de momento. Aunque... En cierto modo, lamento que hayamos tenido que llegar a esto... Sólo te diré que ese tal Alex... Te habría caído muy bien. Pero ha actuado demasiado por su cuenta...

De pronto, sonó el teléfono de Marcus, quien se sobresaltó por un instante. No esperaba ninguna llamada en ese momento... En la pantalla de su móvil apareció el teléfono de Héctor. Reuel le miró y agachó la cabeza.

-Lo siento...